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From: Jesús Flores
Sent: Wednesday, February 24, 2010 10:48 PM
Subject: Conferencia
No sería necesario volver a temas como éste del patrimonio perdido si no fuera porque alguien ha debido de registrar en la oficina de patentes la frase "recuperar la memoria", utilizándose estas campañas para modificar la Historia al gusto hoy oficial y hasta institucional.
En la época que se ha venido a llamar "contemporánea'' (a partir de la Revolución Francesa) ha habido tres grandes destrucciones del patrimonio español: la "Francesada", es decir la guerra de la Independencia; las "Desamortizaciones" (de Mendizábal y Madoz); y las de la Guerra Civil.
No todo lo destruido y robado en aquella guerra de la Independencia Guerra de España" para los franceses y "Guerra Peninsular" para los ingleses) hay que ponerlo a cuenta del ejército francés, que nuestro aliado inglés pasó a veces sobre nuestra piel de toro montado en el caballo de Atila, que por donde pasaba no dejaba crecer la hierba. Nuestro aliado Wellington es el responsable de notables destrucciones, algunas sospechosamente oportunas, como la destrucción de la fábrica de porcelanas del Retiro que hacía la competencia a las fábricas inglesas, o de las fábricas de tejidos en Béjar, que nuestro aliado arrasó. También de la destrucción de ciertos monumentos o castillos con el pretexto de quitarle a los franceses posiciones defensivas futuras. Es el caso del Fuerte de la Concepción, en Aldea del Obispo, al norte de Fuentes de Oñoro, pegado a la frontera portuguesa. Este impresionante fuerte construido en tiempos de Felipe V sobre otra obra anterior de Felipe IV, fue destruido por Wellington en retirada. Era tan robusta y ciclópea aquella fortaleza, completamente desconocida para la inmensa mayoría de los españoles de hoy, que resistió las minas y la pólvora, quedando sus muñones al aire como ejemplo de construcción militar y de la política bélica de tierra quemada del inglés. En su retirada hacia Torres Vedras, ordenó destruir campos, cosechas y hasta ganado y, por supuesto, volar la ciudadela de Almeida, construida a muy pocos kilómetros del fuerte de la Concepción, orden que los portugueses se resistieron a obedecer y hoy pueden mostrar con orgullo al visitante. Almeida es uno de los siete castillos que aparecen en el escudo portugués. La tenaz defensa de Ciudad Rodrigo por parte del general Pérez de Herrasti contra el ejército de Massena, ciudad a la que Wellington no quiso ayudar, le vino a éste muy bien para su idea de fortificación ante el inmediato ataque francés. Cayó Ciudad Rodrigo y el ejército francés entró en la ciudad sin causar más daños que los propios del sitio.
Cuando Wellington consiguió entrar un año después en Ciudad Rodrigo en la noche del 19 al 20 de 1812, pese a tratarse de una ciudad aliada, permitió un feroz saqueo, con las consiguientes destrucciones, lo que no hizo el enemigo lo hizo el "amigo"; el mismo saqueo que sufrió Badajoz y también San Sebastián poco después de la batalla de Vitoria. Podríamos decir que con estos amigos ya no necesitamos enemigos. La Junta de Cádiz, como premio, nombra a Wellington Duque de Ciudad Rodrigo, pero en esta ciudad se conserva el recuerdo del paso de nuestro aliado Wellington.
Las desamortizaciones, partiendo de una idea que podría considerarse acertada, se convirtieron, por culpa del sectarismo, en una catástrofe para nuestro patrimonio con aquellas órdenes de desalojo inmediato de muchos conventos que dejaban sus bibliotecas y tesoros al alcance del primer depredador de la fauna ibérica: el hombre. Muchos libros de aquellas bibliotecas pasaron a las chimeneas pueblerinas para atizar el fuego. Debido a la mala gestión, estos edificios, fincas y campos pasaron a poder de los más ricos, en muchos casos cuando tanto el exterior como el interior habían quedado arrasados, con lo que las causas que motivaban tal desamortización,
se vinieron abajo. Ejemplos en Cataluña fueron el Monasterio de Poblet y el de Santes Creus reconstruidos en los años 40. En el de Poblet, reconstruido para volver a reunir en él los restos de los reyes de la Corona de Aragón, trabajó, entre otros, el escultor Mares y, gracias a la gestión de Franco, se reabrió como convento benedictino después de casi un siglo sin monjes. Al visitante no encontrará nada en este monasterio que recuerde quién ordenó, patrocinó e inauguró esta reconstrucción, figurando por el contrario una gran lápida en la que se agradece a Tarradellas el apoyo al patronato gestor del Monasterio. Este raro despiste y silencio se observa también en la catedral de Vich, cuyos frescos de José María Sert se perdieron en el incendio, festival pirotécnico muy del gusto de los llamados hoy defensores de la república. Y de los que se dice, así como de pasada, que se perdieron en un incendio en 1936. José María Sert volvió a pintar los frescos que yo pude ver en Madrid, antes de instalarse en la recién reconstruida catedral, en el patio central del Palacio de Santa Cruz, allá por el año 1943 ó 1944.
La mayor destrucción de nuestro patrimonio se produjo en la guerra civil, única y exclusivamente en la zona roja, hoy llamada definitivamente república. Las pocas destrucciones provocadas por el bando nacional lo fueron por causas militares, como la parcial destrucción del techado del palacio del Infantado en Guadalajara por culpa de un bombardeo nacional que trataba de alcanzar los acuartelamientos e instalaciones militares existentes a pocos metros del palacio. Precisamente, en la zona militar que es cuna de la Aviación Española, donde durante muchos años existió un Regimiento de Ingenieros de Aerostación. Fue allí donde el general Vives fundó lo que poco después se convertiría en esa cuna de la Aviación Española. Y aunque este hecho tiene escasa importancia en la Historia de España, diremos que en este regimiento sentó plaza de soldado mi padre poco antes de ingresar en la Academia de Infantería de Toledo.
En toda guerra se producen destrucciones del patrimonio como consecuencia lógica de los mismos hechos bélicos: batallas, combates, bombardeos..., pero en la Guerra Civil estas destrucciones del patrimonio revistieron caracteres y dimensiones que se salían del simple hecho militar o bélico. Y vamos a incluir en estas destrucciones "patrimoniales" las que se produjeron algunos años antes del estallido de la terrible guerra. Porque esta maldición sobre nuestros tesoros históricos empezó cuando todavía no había pasado un mes de la proclamación de la república. Son los hechos conocidos como "quema de conventos" donde ardieron iglesias y conventos en varias ciudades españolas, especialmente en Madrid y Málaga, pero también, archivos y valiosas bibliotecas, ante la pasividad del gobierno que no quiso intervenir para reprimir los desmanes. Recordemos aquel telegrama del gobernador de Málaga que decía a su ministro en Madrid: "se ha iniciado la quema de conventos, mañana continuará".
Lo sorprendente es el hecho que cuenta Monseñor Montero en su libro "Persecución Religiosa en España": "...los incendios (...) se dieron por acaecidos en un periódico de Berlín dos días antes de que hubieran sucedido". Y citemos aquí lo que publicaba el periódico argentino "Documentación Española", que también aparece en este libro de Monseñor Montero, sobre las instrucciones y consignas a sus correligionarios españoles por parte de judíos y masones: "Cometer actos vandálicos, o permitirlo por lo menos, contra los religiosos para asustar a los educadores y alejarlos de España". La actitud condescendiente de las autoridades republicanas, plagadas de masones, se entiende mejor ahora.
La responsabilidad de las autoridades republicanas sobre las destrucciones y saqueos que se produjeron antes de que hubiera pasado un mes de la proclamación de la república es abrumadora. Sólo citaremos un ejemplo: cuando el inspector de policía Romero Valdés telefoneó al Director General de Seguridad sobre los grupos que formaban frente a la iglesia de la Flor de los jesuitas, éste le ordenó abstenerse, y cuando el inspector insistió, el Director General le colgó el teléfono. La iglesia de la Flor fue la primera de una serie de incendios que podríamos denominar "autorizados". En esta iglesia fueron destruidos los sepulcros de San Francisco de Borja y del padre Laínez (el de Trento), también un retrato de San Ignacio, nada menos que de Sánchez Coello, 90.000 volúmenes de la biblioteca de la Residencia inmediata, con ediciones príncipe de Lope, Calderón o Quevedo, originales de santa Teresa de Jesús o de San Ignacio. Después le tocó el turno al convento de las monjas Bernardas que fue incendiado; a continuación, las Carmelitas de la plaza de España, el colegio de Areneros, donde estudiaría yo durante tres años al principio de los ucuarenta", siendo testigo de la inauguración de la capilla que había sido destruida en el terrible akelarre de la "quema de conventos"; allí se quemaron y destruyeron libros (20.000 volúmenes), archivos, laboratorios... Siguen los incendios en el convento de las Trinitarias, el Colegio de las Maravillas, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en donde estudiaban gratis 500 niños hijos de obreros. En este colegio desapareció su extraordinario Museo de Mineralogía. Le toca el turno a las Mercedarias que acogían a 300 niñas pobres donde hasta desenterraron cadáveres momificados o recientes, no hacían distingos. Sigue la tea sobre la Iglesia Parroquial de Bellas Vistas, las Salesianas, Sagrado Corazón de Chamartín, etc... No olvidemos que los rabiosos destructores derribaron la estatua de Felipe III, obra del escultor flamenco Juan de Bolonia, que había, y hay, en la plaza Mayor. Muchos autores y escribidores de aluvión, como Pilar Urbano, cuando citan este hecho nos aseguran que la estatua era la de Felipe IV.
Resulta agotadora la simple relación de destrucciones, pero vamos a tener que seguir para que nos demos cuenta de la dimensión de esta catástrofe que se abatía sobre España, a menos de un mes de la proclamación de la república que se autodenominaba "benéfica".
En Sevilla arde la Residencia de los Jesuitas en el barrio de Triana, después la de los Carmelitas donde se destruyen obras de gran valor, como una imagen de Ntra Señora del Carmen de Cornejo, escultor, pintor y grabador del siglo XVII, y otras obras de Martínez Montañés, el llamado "dios de la madera". Se destruye la pequeña capilla de San José de los capuchinos, de perfecto barroco sevillano, construida en el siglo XVII, desapareciendo todas sus obras de arte, entre ellas las de Pedro Roldan, genial artista de retablos de este siglo XVII, obras de Murillo y Valdés Leal...
Para no eternizarnos, dejaremos a un lado las destrucciones del patrimonio en Córdoba, Cádiz y otros lugares de Andalucía, para quedarnos en Málaga, donde la rabia destructora llegó a límites inconcebibles y, no lo olvidemos, ante la pasividad y hasta complacencia de las autoridades. Se pretendió asaltar el colegio de las monjas francesas de Barcenillas, pero allí se presentó el cónsul de Francia e izó la bandera francesa. Y la chusma incendiaria pensó que aquellas uvas estaban verdes y se fueron a otra parte a seguir la fiesta en la Residencia de los Jesuitas. Uno de los que presenciaron encantados el incendio fue el general Gómez-Caminero, gobernador militar, el de la frase "mañana continuarán". Y continuaron por el Palacio Episcopal donde ardió el artesonado del siglo XVII, un Van Dick y otras muchas obras de arte. Les tocó el turno a los colegios de Maristas y Agustinos, el periódico "La Unión Mercantil", el convento de Santo Domingo, la iglesia del Perchel, Convento de San Carlos, conventos del Ángel y de las Mercedarias, iglesias de san José de la Montaña y de la Merced, parroquia de Santiago fundada por los Reyes Católicos. Iglesia de San Juan. De san Felipe Neri, del Carmen..., etc. Se perdieron obras de Pacheco, Alonso Cano, Pedro de Mena, Francisco de Palma, García Hernández..., además de bibliotecas, retablos, edificios barrocos etc. Esta destrucción de archivos me afectó personalmente cuando hace algunos años escribí al Ayuntamiento de Ronda pidiendo datos sobre mis bisabuelos paternos. "Lo sentimos, dijeron, los archivos parroquiales y municipales se perdieron en un incendio en julio de 1936". Tampoco tuve suerte cuando quise hacer lo mismo con mis bisabuelos alemanes de Hannover, de allí me escribieron diciendo: "Lo sentimos, los archivos parroquiales y municipales desaparecieron en los incendios provocados por los bombardeos norteamericanos del día tal, mes cual..." Y es que a veces, los liberadores y los legalmente constituidos son gentes temibles y algo destructoras.
Sigamos.
Insistimos en no eternizarnos, y por eso dejaremos sólo constancia de que también Murcia, Valencia y Alicante sufrieron los terribles embates "pacíficos" de los depredadores.
Hemos querido extendernos, quizá demasiado, en esta época denominada pacífica por los hagiógrafos de la república, que nos aseguran todos los días que vino en paz y de forma civilizada. Y lo hemos querido hacer para salir al paso de aquello de los incontrolados, teniendo en cuenta que la república tenía los medios, los resortes y la fuerza pública suficiente para haber impedido aquellos tremendos desmanes. No quiso hacerlo.
Todavía no había empezado la gran depredación, saqueo y destrucción de nuestro patrimonio que siguió con la mal llamada revolución de Asturias y con la guerra que fue de Liberación, si bien de forma "temporal".
Siguiendo de forma cronológica el presente relato de destrucción del patrimonio, hablaremos de las destrucciones que se produjeron durante esa mal llamada "revolución de Asturias". La sublevación contra la república por parte de los socialistas, comunistas y anarquistas fue en toda España, aunque sólo prosperó durante algún tiempo en Cataluña, Vascongadas (allí asesinaron, entre otros, al padre de Marcelino Oreja, antiguo Ministro de AE de UCD, hoy disfrutando de cómodo destino en "Europa", cuya oración fúnebre la pronunció José Antonio Primo de Rivera) y por supuesto, Asturias. Pero sería aquí, en Asturias donde más sufrió nuestro patrimonio pues, aparte del hecho del asalto al Banco de España, ocurrieron los del intento de voladura de la Cámara Santa o los graves daños producidos a la martirizada catedral de Oviedo.
Como siempre se habla sólo de Asturias, conviene decir que en Cataluña, que gracias a un personaje siniestro llamado Luis Companys, que había declarado unilateralmente la República Catalana dentro de una inexistente federación, también sufrió el patrimonio, especialmente en los pueblos. En Navas incendian la iglesia y asesinan al párroco; también sufren incendios y destrucciones iglesias de Villafranca del Panadés, en Villanueva y la Geltrú, arden templos y se saquea el Ayuntamiento y casas particulares... En otros lugares de España se producen asaltos e incendios de iglesias, archivos, Ayuntamientos... pero con dimensiones que no alcanzan los niveles espeluznantes de Asturias.
En Asturias, no ya por el simple hecho del cerco de la capital y de la guerra que organizó aquel ejército que se autodenominó "rojo", sino por su afán destructor y saqueador, citemos el asalto a la Caja Fuerte del Banco de España, realizada por González Peña, político de primera fila del PSOE, cuyo robo sólo fue en parte devuelto después de ser derrotada la sublevación socialista, pues sirvió lo no devuelto para la campaña electoral de febrero de 1936 en el que, con un buen pucherazo por medio, ganó el Frente Popular. Asaltaron la Cámara Santa, y sólo gracias a unos guardias civiles que defendieron la brecha abierta en el muro, pudo salvarse el tesoro medieval, una de cuyas piezas más valiosa era la "Cruz de la Victoria". Pero aquella algarada produjo destrozos irreparables en edificios singulares, y pérdidas de bibliotecas, archivos y obras de arte.
Y llegamos a la cima del arte depredador, destructor y saqueador: la guerra civil, que fuera durante cuarenta años auténtica "guerra de Liberación". Porque sería durante esta guerra cuando nuestro patrimonio sufrió las mayores depredaciones y destrucciones de nuestra historia reciente, exclusivamente en la denominada zona "leal" o bajo el dominio del gobierno de la república.
Como las reservas de oro que se guardaban en los sótanos del Banco de España pueden ser consideradas con todo derecho patrimonio de los españoles, vamos a hacer una breve reseña de esta inicua operación, sin precedentes en la historia civilizada de los pueblos. Las reservas del Banco de España (una de las más importantes de nuestro entorno europeo) fueron enviadas a Rusia, país con el que España ni siquiera mantenía relaciones diplomáticas, y que siempre se negó a firmar un recibo del oro enviado desde Madrid, tesoro que luego manipuló según sus propios intereses. Se componía de 7.800 cajas con lingotes y oro amonedado que se transportó a Odessa en barcos soviéticos (Neva, King, Volgores y Jruso) y, una vez en Moscú, se tardó tres meses en hacer le inventario de aquel despojo. Parte de esas reservas del banco de España habían sido enviadas a Francia y pudieron ser recuperadas, por el gobierno nacional después de la guerra. Del oro en Rusia, ni las migas.
El control de estos fondos estaba únicamente en manos soviéticas, siendo el embajador de la república, Marcelino Pascua, un convidado de piedra, pese a lo que se ha escrito en estos días para justificar aquel despojo. Y prueba de ello es que cuando el general Hidalgo de Cisneros, teórico jefe de la aviación roja (el verdadero jefe era el ruso Smutchkievich, apodado "Douglas" que era más fácil de pronunciar) acudió a Moscú a finales del año 1938 para hacer un nuevo pedido de aviones y armas, se le dijo que ya no quedaba nada del oro, que el gobierno de la república era ahora el que estaba en deuda con la URSS. El gobierno republicano ni se había enterado.
El valor de aquellas reservas eran superiores a los 2.000 millones de pesetas-oro de entonces.
El saqueo del patrimonio cometido por dirigentes y jerifaltes republicanos se inició a los pocos días de iniciada la guerra, y nos referimos, tanto al acopio de tesoros saqueados de iglesias o museos, como el perpetrado contra particulares, y tanto por el gobierno del Frente Popular, como por la Generalidad y otras instituciones regionales.
Hablemos primero del saqueo perpetrado y organizado por la Generalidad, uno de cuyos dirigentes, Tarradellas, por razón de su cargo, es, después de Companys uno de los principales responsables de este despojo con el que, nada más iniciada la guerra, ya se querían asegurar el implacable exilio al que se sabían abocados. A raíz de una carta que me quiso publicar la Vanguardia en la que hablaba sobre la orden de Tarradellas de forzar las cajas privadas de los Bancos, recibí varias llamadas telefónicas. Una señora me relató su caso. En aquel saqueo, entre otras joyas familiares de no gran valor económico pero sí sentimental, una tía suya perdió un broche que le había hecho un joyero según diseño propio. Años después, siendo ya Tarradellas Presidente de la Generalidad después de la muerte de Franco, esta señora observó que en una foto aparecía la mujer de Tarradellas con un broche similar al desaparecido. Siendo modelo único, sospecharon su origen y, siempre siguiendo el relato de esta señora, acudieron al propio Tarradellas para exponerle esta rara coincidencia. Éste pareció quedar muy sorprendido por esta molesta coincidencia y dijo que aquel broche se lo habían regalado a su mujer en Francia, que desconocía su origen y se lo entregó...
Con el pretexto de hacer una exposición en París, ya en el año 1936 empezaron a acumular tesoros saqueados que fueron reunidas en Olot, instalándose en la iglesia de San Esteban y custodiado por mozos de escuadra. Entre estos tesoros estaban las pinturas románicas de Taull y Boí, el tapiz de la creación de Gerona y otras joyas medievales, que fueron llevadas a París en marzo de 1937 y se expusieron en el Jeu de Paume (Juego de Pelota), en la plaza de la Concordia; después pasaron al palacio Maisons Lafitte, dentro de la Exposición Universal y allí permanecieron hasta que el 19 de septiembre de 1939, fue entregado al Servicio de Recuperación Nacional regresando a España en 12 vagones, pese a los intentos desesperados de políticos catalanes exiliados para que ese tesoro no regresara a Cataluña.
Pero no todo se había llevado a París, ya que en Olot quedaron depositados otros tesoros expoliados, y también en Villadrau, en una masía de Can Pexes, en Agullana y otros lugares próximos a la frontera. Entre estos tesoros figuraba el Cristo de Lepante u la Virgen de Montserrat. De parte de estos tesoros se apropió el Gobierno de la república y se los llevó a Francia junto con las obras del Prado.
Y ya que estamos hablando de Cataluña, echemos un rápido recuerdo a las tremendas destrucciones y saqueos del patrimonio español, esta vez catalán. En Barcelona fueron destruidas, saqueadas, incendiadas o "simplemente", profanadas todas las iglesias y capillas. Se ha dicho que sólo la catedral se salvó, aunque se oculta que cuando los mozos de escuadra se presentaron para protegerla, ya se había robado las joyas de la custodia, candelabros de plata, cálices, custodias, relicarios, como el de santa Lucía..., tabla atribuida a Simone Martín, pintor italiano que vivió a "caballo" de los siglos XIII y del siglo XIV, una tabla catalana del siglo XV, se sacaron y quemaron altares como el esculpido por José Llimona, o el de la Purísima Concepción por Antonio Juan Massat en 1603, un cuadro de la Virgen de un discípulo del Tiziano, etc Todo esto en una catedral que, según los historiadores recuperadores de la Historia, fue respetada en aquellos difíciles días del inicio de la guerra. En el libro de Bassegoda se dice que los que protegieron en un principio la catedral fueron los guardias de asalto que, incluso, salvaron la vida al sacristán al que los de la FAI querían fusilar allí mismo, después llegarían los mozos de escuadra.
Un rápido repaso al infierno satánico que se abatió sobre las iglesias de Barcelona. De la iglesia de Belén, que fuera de los jesuitas, sólo quedaron sus muros calcinados. Se trataba de una construcción del siglo XVIII.
Santa María de los reyes (El Pino), iglesia que se empezó a construir en el siglo XIV. El tímpano estaba decorado con una pintura de la Virgen obra de Llimona. Aquí se profanaron los restos de san José Oriol, santo barcelonés y también otra pintura de Llimona que describía la vida del santo
Santa María del Mar era considerada la segunda catedral de Barcelona. Aquí la destrucción de tesoros fue total, tesoros que no enumeramos porque queremos terminar hoy y no la semana que viene. La fábrica del templo, muros, pilares, bóvedas y claves de piedra, sufrió mucho con los incendios que se organizaron en aquella terrible mañana del 19 de julio de 1936. La sillería del coro, obra de de los artistas catalanes Janer y Amargos, quedó convertida en cenizas, al igual que el magnífico órgano construido por los franceses Pedro y Domingo Cavaillé en 1794, pinturas murales del siglo XV...
La desfachatez de las autoridades de la Generalidad llegó al punto de afirmar, con vistas a su propaganda exterior, que esta iglesia apenas si había sufrido daños y que allí se celebraban conciertos. Unos visitantes franceses e ingleses que visitaban Barcelona en 1938, mostraron deseos de asistir a uno de esos conciertos lo que provocó el desconcierto entre aquellos pendejos que tuvieron que inventarse excusas sobre la marcha para no mostrar a sus amigos el martirio de Santa María del Mar. Entonces consideraron que para no volver a hacer el ridículo lo mejor era iniciar la reconstrucción de la iglesia, encargo que se dio al escultor Marés . Apenas si pudo hacer más que iniciar el desescombro. Al mes de la entrada de los nacionales en Barcelona se inició la reconstrucción del templo.
Y al galope citemos la destrucción y saqueo de la cripta de la Sagrada Familia, donde se profanó la tumba de Gaudí y se destruyeron todos los archivos, maquetas, planos, etc.; Nuestra Señora de la Merced, detrás de Capitanía, donde se quemaron, además del templo, los archivos, altares con obras del escultor Amadeus o del ya citado Llimona, pinturas, frescos... Desmontaron la imagen de la Virgen, obra de Maximiliano Sala ,que había sobre la cúpula. No espere nadie que en una visita guiada a la Merced, el guía mencione ninguno de estos datos. Una nueva imagen fue reinstalada años después con la ayuda de un helicóptero del Ejército. Alrededor de 45 templos, capillas e iglesias sufrieron este mismo martirio. Y dejamos para otro año el paso de la antorcha talibán por toda Cataluña. El patrimonio perdido por razón de este odio institucionalizado es incalculable.
Pasemos ahora a uno de los florones de este saqueo: el yate "Vita".
La capacidad de rapiña de aquellas gentes no tenía límites conocidos. De forma institucional se fue atesorando todo aquello que se robaba, requisaba o expropiaba de iglesias, museos, organismos públicos y privados y a simples particulares. Se creó un organismo llamado Caja de Reparaciones dirigida por un eficaz funcionario, Méndez Aspe, que recibió de Negrín la misión de hacer llegar a Méjico el yate "Vita" cargado hasta los topes de tesoros saqueados. Este tesoro serviría, ya en Méjico, para que sobreviviera un denominado Gobierno de la República en el exilio, así como para ayudar a los exiliados de la guerra. Pretendían llevarse también tesoros de arte que no querían que cayeran en manos del fascismo y (eso decían para la galería) que sería, en su momento, restituidos a España. Gran parte del cargamento del "Vita" estaban depositados en el Castillo de Figueras y pasado más tarde a Francia, aunque una parte ya había salido en avión a Francia antes de la caída de Cataluña, entre estos tesoros estaba la Virgen de Covadonga, con su corona de piedras preciosas que por azares dp la suerte no salió de España y pudo ser recuperada por los nacionales al llegar a la frontera. Una Virgen que sí fue sacada de España es la valiosísima Virgen de Requena de la que nunca más se supo.
El "Vita" era un yate, que antes se denominó "Giralda I", y que ahora era propiedad de un naviero vizcaíno Marino Gamboa, siendo su capitán José de Ondorica. El descontrol y desconcierto, así como el ansia de apoderarse de los tesoros del "Vita" proporcionó una especie de carrera de gangsters para ver quien llegaba antes y podía convencer a Lázaro Cárdenas, presidente de Méjico, de que el yate y su carga le pertenecía. Ganó Prieto que años más tarde dijo, en plan suave, que "en aquella operación del "Vita" nos cubrimos de mierda".
Si hiciéramos aquí un inventario de los tesoros del "Vita", también necesitaríamos una semana, aunque la verdad es que nunca se ha sabido con exactitud cual fue su cargamento. Hace años, se propuso en las Cortes, entonces dirigidas por el PSOE, hacer una investigación para averiguar ese contenido y poder seguir la pista de algunas obras de arte o poder compensar a los saqueados. No prosperó y una de las personas que más se opuso fue la esposa del entonces ministro de DEFENSA García Vargas, que había sido nombrada por aquellos días directora del departamento cultural del Banesto por su presidente señor Conde, don Mario. Aunque no hagamos inventario algo habrá que decir, y no será poco.
Ya hemos dicho que había objetos entregados por las Cajas de Reparaciones, es decir, del saqueo institucionalizado; depósitos del Banco de España; del Monte de Piedad de Madrid (Primo de Rivera también había echado mano del Monte de Piedad, pero para comprar las papeletas de empeño que devolvió a sus dueños que pudieron recuperar lo empeñado sin poner un duro); objetos religiosos de esa Caja; depósitos de Alicante; oro amonedado que entrega la Generalidad, de gran valor numismático, que fueron convertidos en lingotes; objetos del patrimonio real; todo el Joyero de la capilla Real; lingotes de oro; objetos históricos de la catedral de Tortosa; el manto de las 50.000 perlas de la catedral de Toledo; brillantes de alta calidad; colección de relojes históricos; un valiosísimo ejemplar del Quijote editado en hojas de corcho; objetos de culto que pertenecieron al Papa Luna; etc, etc....
Una parte nada despreciable de este tesoro, una vez desembarcado, se perdió sin dejar más rastro que una serie de cajas vacías aparecidas en un lago mejicano. Las "mordidas" sobornos, para conseguir la representación republicana de aquellos tesoros fueron abundantes. Un periódico español publicaba años después haber visto unos pendientes de perlas pertenecientes a Juana la Loca que lucía una dama esposa de político mejicano. Pero allí se perdieron cuadros y otros objetos valiosos que nunca se han querido investigar.
Cuando los nacionales llegaron a Figueras, cuyo castillo había sido dinamitado por los rojos en su huida a Francia, Luis Monreal Tejada, responsable del Servicio de Recuperación Artística del gobierno nacional, recuerda que allí, en los sótanos del castillo, "había otro tesoro: las joyas, dinero y valores que habían sido incautados a quienes habían huido o habían sido fusilados7'. Fue una primera apreciación, porque aparecieron más tesoros procedentes de patrimonios públicos. Y para terminar esta repaso a una historia de horror, hablemos del Museo del Prado.
Indudablemente el Prado corría peligro de que una bomba de la aviación nacional pudiera causar estragos irreparables. Hay que tener en cuenta que esta aviación bombardeó el Palacio de Buenavista y también el Ministerio de Marina, muy próximos a Cibeles y no muy alejaos del Prado. Fue sensata y lógica la idea de proteger aquel tesoro de arte, y quienes participaron en los trabajos de embalaje, clasificación etc, son dignos del respeto de todos por su esfuerzo y dedicación. Pero ya no nos queda respeto para la idea principal que motivó esta operación que era, ni más ni menos, como escribía en un suplemente, de esos denominados "magacine", no hace muchos años. José Playá Mases, nada franquista por cierto: "fue para tener también "un control directo" del tesoro como salvoconducto de un Gobierno que peregrinaba conforme avanzaba la guerra civil". En realidad, José Playa copia las palabras de Arturo Colorado, autor de una tesis sobre el éxodo artístico. Y ésta era la real intención del gobierno de la república cuando aceptó los tremendos peligros de un éxodo artístico por una España en guerra, con su traslado inverosímil a la frontera de Francia coincidiendo con la huida de un ejército en derrota que arrastraba a su vez a miles de desesperados civiles que veían pasar con odio aquellos camiones que ellos necesitaban para poder alcanzar la frontera.
En los sótanos del propio Museo del Prado se hubieran podido almacenar los cuadros, pues hay que tener en cuenta que las bombas de aquella época no tenían la capacidad de destrucción de las de la 2a guerra mundial. Pero si no en el mismo Prado, había en Madrid muchos sótanos perfectamente inaccesibles a las bombas, los del Banco de España, o los de otros Bancos, edificios prácticamente indestructibles. Pero puestos ya a sacarlos de Madrid, con el peligro que eso reportaba, si se llevaban a Valencia, había en esta ciudad o en el entorno, infinidad de lugares seguros. Pero ellos querían, como ye hemos dicho, un salvoconducto para su total exilio. No hay que asombrarse porque otros "salvoconductos" se llevaron a Francia o Méjico.
El 7 de septiembre de 1936 se nombra Director de Bellas Artes al pintor Renal, y a Picasso Director del Museo del Prado. Hoy se nos dice que fue un nombramiento simbólico. No es cierto, si nos paseamos por las hemerotecas comprobaremos que no es cierto, que el nombramiento fue real y nada simbólico. Claro que por las hemerotecas podríamos descubrir que Picasso se englobaba él mismo en el grupo de los denominados "intelectuales y artistas franceses" (los libros de arte de la época, y posteriores, califican a Picasso de la "Escuela Francesa") y como tal firma un manifiesto a favor de la república española. Lo que pasa es que en España había bombas que podían afectar a su salud y, lógicamente, prefirió quedarse en la dulce Francia de la que no salió ni durante la ocupación alemana, época tranquila y relajada del artista en su casa de Antibes.
Haciendo un paréntesis diremos que aparte de la faceta artística de Picasso, que nosotros consideramos la única importante, su figura llamemos humana es deleznable, por lo que nos aburre, cansa y hasta repele tanta loa, alabanza y plumerazos hacia la parte humana de un individuo que como padre o marido fue un bellaco, envuelto todo en flecos de una ruindad y codicia muy emblemáticas.
Sigamos. El 10 de noviembre llegan a Valencia la primera expedición de camiones. Se depositaron en la iglesia del Patriarca y en la Torre de Serranos que al parecer eran más seguros para las bombas que el mismo Museo del Prado. Allí permanecieron hasta que 16 meses después, cuando el gobierno se traslada a Barcelona, se llevan las obras de arte inicialmente al monasterio de Pedralbes de Barcelona y a dos casas en Viladrau y en San Hilario de Sacalm (donde hace muchos años hubo un Albergue de la Sección Femenina ¿Qué habrá sido de él?). Eso ocurría en abril de 1938. Fue entonces cuando Negrín ordena aproximar el tesoro del Prado a la frontera con Francia. Se introducen en las minas de talco de Canta en La Vajol. Se acondicionaron las minas como un verdadero bunker, donde trabajaron mineros traídos de Cartagena que se alojaron en una finca donde Azaña, pocos meses después, pasaría su última noche en España. Aquí se instaló parte del Museo del Prado, pero también otros tesoros llegados de toda la España roja sin que se sepa con exactitud en qué consistía aquel expolio. Como no todo cabía allí, se almacenó parte del Museo del Prado en los castillos de Perelada y de Figueras.
Con el éxodo después de la derrota del ejército rojo en Cataluña, marcharon los camiones hacia la frontera, habiendo ocurrido varios incidentes con los fugitivos que querían arrojar las cajas al suelo para subir en ellos a los más agotados. Uno de los camiones cargado con lingotes de oro, ante el avance de los nacionales que ya le cortaban el paso, consiguió llevar el oro en caballerías por senderos de montaña. Se asegura que no todo el oro llegó a su destino francés.
Con todo este trasiego, algunos cuadros sufrieron desperfectos, como el de los "Fusilamientos del 3 de mayo" de Goya que al llegar a Perelada le faltaba un trozo de lienzo. El 23 de enero de 1939 llegaba Azaña a Perelada y se quedó aterrado cuando comprobó lo que albergaba aquel castillo. En los jardines se había reunido a una nada despreciable cantidad de camiones recién llegados de la URSS, objetivo muy goloso para la aviación nacional. No hubo bombardeos. El castillo era de Miguel Mateu y, posiblemente, los servicios nacionales de información conocían la existencia en él de tales tesoros. Así lo dice Monreal, al que ya citamos anteriormente. Por cierto, que el hijo de este Monreal sería el responsable de las obras para desmontar el templo egipcio de Nemrod y de traerlo a España, que es el que está en la zona que todavía se denomina del Cuartel de la Montaña
El 8 de febrero Antes de repasar Lister la frontera, ordenó volar el castillo de Figueras. Su brigada había cometido en la vergonzosa retirada multitud de asesinatos, entre ellos la de parte del equipo médico y sanitario de la propia brigada a la que pertenecía, entre otros, Pedro Agustí, hermano de Ignacio, el fundador de "Destino", uno de los pocos supervivientes y que fue quien nos contó la escalofriante muerte de sus compañeros. Según el citado Monreal, el encargado de la recuperación artística del gobierno nacional, "la explosión hizo caer los armarios repletos de objetos y aun me acuerdo de la extraña sensación de caminar sobre una alfombra de títulos de acciones, de deuda, billetes de Banco, joyas y brillantes. Lo que allí había era increíble". Yo recuerdo haber visto en los noticiarios de la época un reportaje sobre esos sótanos llenos de cajones desventrados y de tesoros repartidos por el suelo. Junto con los documentales sobre las checas, no forman parte hoy de los programas sobre la "recuperación de la Historia". Lógico.
Los lienzos de Perelada se llevaron enrollados. Un retablo, el de San Miguel, sirvió de diana del tiro al blanco del coronel Modesto, enrabiado por la derrota. Cinco balazos recibió San Miguel en este último martirio
El 1 de febrero Azaña partía para Francia.
Otro inciso. El último decreto que Aznar firmó en Francia antes de dimitir de su cargo de Presidente de la República, fue la entrega a la URSS de los barcos mercantes españoles surtos en Odessa y otros puertos soviéticos. Aparte del daño, uno más, perpetrado contra nuestra marina mercante, aquella firma representó el cautiverio o la muerte de muchos marinos españoles que fueron inmediatamente arrojados a los campos de concentración, regresando los supervivientes con los prisioneros de la División Azul.
Sigamos.
Y el día 3 salen las obras para la frontera. Se instalaron en principio en un hangar de la aduana de Le Boulou y después en Ceret. El 12 de febrero, un día antes de que el que habla cumpliera 8 años, parte un convoy de 22 vagones de la estación de Perpiñán que trasportaba 1.845 cajas hasta Ginebra, almacenándose en la Biblioteca de la Sociedad de Naciones. Sería Eugenio D'Ors Jefe nacional de Bellas Artes el encargado de gestionar su retorno a España, pese a los esfuerzos del fugitivo gobierno republicano para impedirlo, consiguiendo el 21 de marzo el compromiso de su devolución. Pero antes se haría una exposición en Ginebra de las Obras de Arte del Prado. Y, por fin, el 9 de septiembre de 1939 regresaban sanos y salvos a Madrid en otro tren especial.
Aunque este repaso ha sido algo agotador, hay que decir que sólo hemos expuesto una parte, importante, pero muy incompleta del destrozo, saqueo y expolio de nuestro patrimonio. Luego, los talibanes de hoy han seguido ejerciendo de tales destruyendo monumentos, como el de la "Victoria'' de Manzanares, obra de Juan de Avalos, cuyo ángel, reducido a una estructura de hierros, es como un testigo de esta barbarie; o el derribo y posterior eliminación del conjunto escultórico de Ciará en el Monumento de los Caídos, ya desaparecido, de Barcelona. Y de tantos y tantos monumentos, lápidas, cruces y recuerdos entrañables arrojados a las escombreras. No olvidemos que los antecesores de estos recuperadores de la Historia volaron el "puente del Diablo'7 de Martorell, airoso y admirable puente medieval que, cómo no, se ha reconstruido; que quisieron volar el Arco de Bará para dificultar el paso del ejército nacional victorioso, que pudieron volar un arco del puente romano de Mérida, etc..
Si se quiere recuperar la Historia, que se vayan preparando por que los que sí tenemos memoria se lo vamos a poner muy difícil.
Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado
au (33) 613 27 32 83
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