Españoles en cuerpo y alma

 

Informations financières et politiques sur Le Pilori et ses annexes

----- Original Message -----
From: pensamiento hispánico
Sent: Monday, September 07, 2009 12:26 PM
Subject: Españoles en cuerpo y alma

Españoles en cuerpo y alma

JULIO ALMEIDA *

Américo Castro (1885-1972), que tanto y tan agudamente ha profundizado en los entresijos del alma española, nos deja una vez un cabo suelto que yo quiero reanudar. Son conocidos sus libros y tesis principales. Según la que él llama premisa mayor, España siempre ha pertenecido a Europa mas nunca del todo (1). Lejos de cualquier forma de romanticismo, Castro se enfrenta con valentía a la concepción tradicional (luego defendida con igual vigor por Claudio Sánchez-Albornoz), que veía a España y a los españoles como un pueblo con identidad permanente. Desde la Primera Crónica General de España, escrita bajo los auspicios de Alfonso X el Sabio, se piensa que los españoles vienen de Túbal, quinto hijo de Jafet. Juan de Mariana lo repite en su Historia general de España (1601), y Sánchez-Albornoz llega a hablar de las dotes pictóricas de “los españoles del Paleolítico Superior”. Naturalmente, hoy se ha resquebrajado esta eleática creencia y pensamos que los pueblos se hacen y van resultando lo que sus individuos prefieren y pueden ser. Es la convicción de don Américo, quien, como se sabe, hace arrancar nuestra historia de la invasión musulmana, del año 711.

Buceando durante muchos años en nuestro pasado, Castro descifra el argumento, el sentido de los acontecimientos y de los hilos innumerables que configuran la historia hispánica. En pos del sujeto de tan singular historia, Castro ha descubierto una perspectiva nueva que nos permite comprender mejor tanto el conjunto como ciertas peculiaridades hispánicas. Así, refiriéndose a la europeización de los indios por españoles y portugueses, es decir, al mestizaje, alude a la cuestión de la relación del español con su cuerpo. En el apéndice a la segunda edición de De la edad conflictiva, dice: “Carne y espíritu eran realidades inseparables para el español; no le importó mezclarse con otras razas, con tal que una misma fe nivelara las diferencias de color entre los cuerpos que se unían... La relación del español con su cuerpo no era como la del inglés u holandés, herederos de una tradición occidental no modificada por el Oriente. Perduraba en ellos el culto a la persona física, sentida como punto de convergencia, a mitad de camino, entre la naturaleza y los dioses. Aunque ahora me abstengo de entrar en esa complicada cuestión, que ayudaría a comprender el opuesto modo de relacionarse con las gentes de color los anglosajones y los hispano-portugueses”.

¿Hasta qué punto tienen que ver cuerpo y alma?

Confesión religiosa y estructura psicofísica

Debería ser más evidente la relación que existe entre la confesión religiosa y el comportamiento humano. En otros países occidentales, con larga tradición de libertad religiosa, puede distinguirse hasta cierto punto entre católicos, protestantes, ju­díos, agnósticos. Pero en España esa tradición aún no se ha decantado lo suficiente y no es fácil advertir diferencias. La confesión religiosa caracteriza en buena medida la vida humana. Lo difícil es señalar los rasgos de quienes pertenecen a una religión, y más difícil todavía medirlos o cuantificarlos. Porque parece obvio que, cambiantes y movedizos como la vida misma, existen tales rasgos. Tan fáciles de percibir como difíciles de pensar, los rasgos del carácter se acentúan o se debilitan, y ahí están los pueblos dando vivo testimonio de ello. La confesión religiosa constituye un estupendo ejemplo de caracterización y de diversificación.

José Luis L. Aranguren, que ha estudiado en profundidad estas cuestiones, distinguía en 1952 entre catolicismo y protestantismo. En cierto momento, hablando sobre el talante religioso, el profesor de Ética hace la pregunta elemental. “Los hombres que profesan la religión católica, ¿no tenderán, por el hecho mismo de esta vivencia común de la gracia y aun el de otras no estrictamente sobrenaturales, pero inseparables de la concepción católica de la vida, a asemejarse también antropológicamente en ciertos rasgos espirituales y aními­cos? (2)”. La pregunta es pertinente, porque si no, ¿qué sustantividad, qué realidad cabe suponer en el catolicismo, en los católicos? Tiene que haber lógico parecido entre personas de esta religión, algún denominador común, unas últimas señales distintivas; de otro modo, serían pardos todos los gatos. El problema yace en la localización de esos rasgos espirituales, que es precisamente el objeto de su investigación.

Por su parte, Pedro Laín Entralgo, catedrático de Historia de la medicina, comenta esta cuestión y la confirma en los si­guien­tes términos: “Así es. En la babélica Nueva York han demostrado hace pocos años, mediante las más rigurosas indagaciones estadísticas, que entre los pacientes de fracturas óseas son mucho más frecuentes los católicos que los protestantes; y que, por el contrario, abundan bastante más los protestantes que los católicos entre los enfermos de hipertensión”. Estos parecen ser los hechos. Y Laín concluye: “Diríase que el católico está menos sobre su cuerpo que el protestante, lo cual le lleva a ser más quebrado de huesos y más blando de arterias”(3). ¿No es un descubrimiento sorprendente?

Si esto fuese cierto, y adelanto que tal es mi opinión, los católicos, menos cuidadosos de su cuerpo, tendrían más accidentes —de tráfico, por ejemplo— que los protestantes; pero por otro lado, acaso por lo mismo, es decir, como consecuencia de su habitual descuido, gozarían de mejor corazón, de menos enfermedades cardiovasculares. ¿Ocurre así, en efecto, en España? Las estadísticas parecen confirmarlo. Aunque España no es ya una nación católica, lo es en la forma de haberlo sido. Por lo demás, no sólo quedan algunos y acaso más acendrados católicos, sino que los ex practicantes están configurados por viejos hábitos no tan fácilmente desechables como se supone. En fin, ¿tiene que ver la tradicional confesión cristiana y católica de nuestro país con la estructura empírica, psicofísica por tanto, de sus habitantes? Es exactamente lo que pienso.

¿Cómo conseguir, empero, estadísticas fiables que demuestren que los católicos se accidentan más que los protestantes? Consulté al Allgemeiner Deutscher Automobil Club, pero responden que preguntar al accidentado por su confesión podría considerarse como una intromisión en su intimidad; y la Enciclopedia Británica me contesta desde Chicago que no suministra datos médicos. Sabemos con certeza que España ocupa desde hace mucho tiempo un pertinaz segundo puesto en Europa en lo que se refiere a accidentes de tráfico, detrás de Portugal y delante de la antigua Yugoslavia, país también de relativa mayoría católica. En 1983 España fue el país con mayor número de accidentes marítimos en todo el mundo, desplazando a Taiwan de tan triste cabecera. En 1999, los accidentes de tráfico nos costaron la muerte de 4.280 personas.

Naturalmente, surge la cuestión del sentido de la relación causal. No faltará quien afirme que los accidentes dependen sobre todo del nivel económico y social de cada pueblo. Como los países católicos se han desarrollado menos, ahí estaría el problema; el bajo nivel económico sería la causa y no el accidental u ocasional catolicismo. Yo creo, no obstante, que éste concomita e influye no poco en el soma y que puede verse como variable digna de consideración. Pensemos en Max Weber. Mientras Marx y los marxistas sostienen que los cambios económicos y técnicos determinan a la religión y a otros sistemas ideológicos, Weber defiende la postura contraria: la religión protestante y su ética económica originan en gran medida aquellos cambios. Un sano eclecticismo inclina a pensar que ambas teorías, tomadas en sentido estricto y radical, son erróneas y que la verdad se halla entre ambas. Es la perspectiva de Pitirim A. Sorokin. Quizá hayamos olvidado demasiado pronto a Weber, pese a los estudios de Friedrich H. Tenbruck (1975) y Wolfgang Schluchter (1984). Además, Weber no estuvo solo. En su célebre Ética protestante ya daba cuenta de interesantes trabajos anteriores que subrayaban el papel de dicha ética; así Franklin, en 1748. Acto continuo, Sombart estudia el espíritu del burgués, y entre tantos otros, Jean Baechler, profesor de la Universidad de París, volvió al tema al hablar de los orígenes del capitalismo (1971). La sociología de la religión no está agotada ni mucho menos.

Pero todo cambia, dice Heráclito. Para la cuestión que nos atañe, es preciso advertir que las cosas están cambiando bastante. Los accidentes laborales, por fortuna, disminuyen cada año en España. Los boletines informativos sobre siniestralidad laboral que desde 1976 edita anualmente el Instituto Nacional de Seguridad Social e Higiene en el Trabajo, confirman la tendencia descendente iniciada en 1975. Por otro lado, las enfermedades cardiovasculares, tradicionalmente menos frecuentes en España, aumentan sin cesar. De esta suerte, buena y mala suerte, nos homologamos con los demás países industriales. Por caminos casi misteriosos, los españoles se parecen cada día más a los otros hombres civilizados. Si los accidentes decrecen, acaso con la excepción de los de tráfico, la hipertensión y el infarto están a la orden del día, evolucionando más favorablemente, por lo visto, los infartados españoles. España no es tan diferente. Para bien y para mal, es evidente que vamos por el inseguro camino de los países desarrollados.

El catolicismo español

Dice Ortega en Historia como sistema que nada humano se entiende si no se cuenta una historia. La de España se ha contado de muchas maneras, algunas poco convincentes. Carezco de versación especial para ensayar una nueva, pero sí quisiera recordar algunos acontecimientos sobre los que parece reinar acuerdo.

El español clásico —de los Reyes Católicos a Carlos II— fue un hombre que apostó sin vacilar por unos valores ultraterrenos que chocaban cada vez más con los valores cismundanos ascendentes en la Europa transpirenaica. Los soldados españoles de la Contrarreforma, informa Menéndez Pidal, luchaban bajo el lema: Por la honra por la vida, y pon las dos, honra y vida, por tu Dios. Durante siglo y medio, nuestros antepasados derramaron su sangre en aras de ideales cada vez menos compatibles con las nuevas ideas y los nuevos intereses de la modernidad europea. Es aventurado proclamar a estas alturas que los españoles se confundieron de plano o que la historia ha mostrado la inanidad de sus proyectos desmesurados, mas parece evidente que en medio de las guerras europeas y de la colonización americana, los españoles se hicieron un carácter que los distinguía de franceses, italianos, ingleses, holandeses. Ese carácter venía directamente de los viejos reinos de la península, de Castilla sobre todo, y ésta “surge como fruto de la multisecular guerra de moros y cristianos”(5). Y el vencedor del moro y luego conquistador y colonizador de América, consciente de su poder en tierras donde no se ponía el sol, el temible español de los siglos áureos desarrolló una personalidad que fue la admiración de los otros europeos. ¿Cómo eran aquellos antepasados?

No faltan testimonios. El español de los Siglos de Oro era “ingenioso, frío, calculador y lento, por oposición a la condición colérica, belicosa y rápida de los franceses”, según un pasaje de Bodin que exhumó José Antonio Maravall. Para los observadores extranjeros (Maquiavelo, Botero, Boccalini y otros muchos), “la imagen del español a fines del XVI está dibujada por trazos de reflexión, cálculo, lentitud, astucia, frialdad”. Y Maravall agrega: “Por su reiteración y por la calidad de algunos de sus autores, hemos de tomar esas representaciones como estereotipos del español en la época de preponderancia política de España —y no deja de ser interesante advertir que a lo que más se parece es al estereotipo de los hijos de la ‘perfida Albión’ en el período de su hegemonía”(6). El historiador no menciona a Castiglione, cuyo celebérrimo Cortesano habla de la “gravedad sosegada natural de España”, según la traducción de Boscán (7). El sosiego fue rasgo distintivo del español clásico, una forma de ser y de comportarse que llamaba la atención en toda Europa. Otro italiano, Filippo Sassetti, le llama quella bella virtude di Castilla. La lengua italiana incorpora después el hispanismo sussiego.

A diferencia de sus descendientes, aquellos españoles eran astutos, fríos, sosegados; seguros de sí mismos y de su causa, sabían también, llegado el caso, soportar la adversidad. Y así, se decía de los soldados: “Todo lo sufren en el asalto, sólo no sufren que les hablen alto”. Otro autor que se ha ocupado de este asunto es Mario Wandruszka. En su obra titulada Haltung und Gebärde der Romanen (1954), el lingüista suizo escribe: “La dignidad especial de los españoles llamó por primera vez la atención a los demás pueblos de Europa cuando aprendieron a conocerla en los campos de batalla y en las cortes italianas. ¿Era herencia ibérica, gótica o romana? ¿O bien la influencia del estilo de vida árabe? ¿O la adopción de costumbres de la corte borgoñona? En cualquier caso, aparece con los españoles del Siglo de Oro, en la conciencia europea, una nueva idea de la dignidad que modifica en forma peculiar el remoto modelo romano. Esta dignidad adopta múltiples formas, y tan pronto es ridiculizada por otros pueblos como rigidez ceremoniosa, como admirada como heroica serenidad. Crea su propio vocabulario: la gravedad, la majestad, el decoro y, ya sin antecedente latino alguno, el sosiego, que van a adoptar los italianos como sussiego, y también la grandeza...” (8).

Dignidad especial, gravedad, serenidad, sosiego. Obviamente, los españoles tendrían sus herencias, como las tenemos todos después de Adán y Eva, pero se advierte una opción, la instalación en una forma de vida que en parte les venía dada por la historia. Los españoles fueron orgullosos (lo son por definición los pueblos que mandan), hasta el punto de que se dijera “orgulloso como un español”, Stolz wie ein Spanier. Entre las incontables sectas de judíos, los sefardíes se sentían de superior ascendencia. Los judíos hispano-portugueses de Amsterdam tenían un orgullo de linaje que, fundado o no, funcionaba como tal. Y Julio Caro Baroja, en su excelente obra sobre los judíos, hace la pregunta exacta: “Ahora bien, ¿tenían este orgullo por judíos o lo tenían por españoles? He aquí un punto que conviene aclarar, pues no creo que lo esté en ninguna de las obras que tratan del tema (9)”. Las ciencias sociales no responden categóricamente a este tipo de cuestiones, pero la pregunta apremia. Ya observó Kant que a veces nos vemos agobiados por cuestiones que no podemos responder, mas tampoco rechazar. ¿No es presumible que los hispanos transmitieran o contagiaran su orgullo a todo habitante de la península Ibérica?

También aborda el problema Sánchez-Albornoz. El historiador dedica varias páginas en su obra citada a demostrar lo que podría llamarse el origen religioso de la seguridad hispánica. Se trata de lo siguiente: “En nuestras mentes de hoy no es fácil ayuntar la férvida devoción mariánica de los castellanos y tal enfrentarse audaz con la madre de Dios, ni lo habría sido para hombres no españoles del siglo de Alfonso el Sabio y de Tomás de Aquino. ‘¡Te servimos como a Señora, luego nos debes protección!’, pensaban con la mayor naturalidad y con la más perfecta lógica los castellanos del siglo XIII... Sirvo, luego me debes protección. No vales nada si no me concedes lo que quiero. Arréglatelas como puedas. Si peleo, debo vencer; si juego, debo ganar; si estoy en aprieto, debes sacarme de él. Mi vínculo vasallático me da derecho al milagro.”

Tras cinco siglos de Reconquista, el hispano-cristiano no se andaba con rodeos. ¿Quién ha hablado con tal confianza a la Virgen y al Todopoderoso? No han sido los protestantes, siempre temerosos y aterrorizados ante un Dios terrible. “Ni Pascal ni Kierkegaard —escribe Aranguren— se atreverían a decir: ‘Sé que tengo razón, y esto me tranquiliza’. No; ante Dios nunca se tiene razón, hagamos lo que hagamos”. El católico fue tranquilo, generaliza Weber, pero el protestante enloquecía de terror ante la posibilidad de no haber sido predestinado a la salvación. La pregunta que aguijoneaba al protestante era: “¿Cómo podré asegurarme de mi bienaventuranza?” El catolicismo sostiene que la fe sola no basta. “Ya puedo tener toda la fe, hasta mover montañas —dice san Pablo a los corintios— que si no tengo amor no soy nada.” Pero el protestantismo inicial, capitidisminuyendo al hombre, pretende que las buenas obras no constituyen mérito alguno para modificar la voluntad de Dios y no dan, por tanto, la certitudo salutis; en rigor, basta la justificación por la fe. Pero Lutero no fue capaz de olvidar la cuestión terrible de la predestinación, la posibilidad de haber sido alcanzado por el decretum horribile del Señor. Y la preocupación por la condenación empavoreció al protestante. El miedo a la religión, sobre todo en su versión calvinista, le hizo superstitiosus. Por lo demás, como en el protestantismo cada uno es su propio sacerdote, el hombre responde a solas de su vida, sin el consuelo del cura exterior. Aranguren señala: “En contraste con esta concepción de la existencia religiosa como fardo que es menester transportar sobre los débiles hombros humanos, ¡qué ligera y casi alada nos parece la vida dentro del catolicismo!” Y añade poco después: “Los protestantes que llegan a conocer suficientemente un país católico advierten con sorpresa el amparo espiritual que procura esta religión”. No es posible decirlo mejor. Pero agreguemos la recíproca: al católico le sorprenden y le admiran el cuidado, la tensión, el cismundano interés que gobierna la vida cotidiana de los protestantes.

La fe sola no bastaba. Calvino y los calvinistas, los protestantes en general, perturbados por el terror de no haber sido quizá elegidos para la bienaventuranza, procuraron vivir conforme a las exigencias de su iglesia, pero además se entregaron paradójicamente a la formidable laboriosidad de los tiempos modernos. El trabajo medieval era otra cosa. La honradez se convirtió en virtud principal. El comerciante, dice Sombart, acabó por comprender que no merece la pena engañar. Fueron los mercaderes de especias de los siglos XV a XVIII quienes popularizaron el principio Honesty is the best policy. La vieja picaresca quedaba superada.

En resumidas cuentas, durante generaciones los católicos españoles fueron tranquilos y sosegados, confiados, seguros, orgullosos, soberbios. Acaso en demasía; tal vez quisieron ser demasiado, según las supuestas palabras de Nietzsche. El hecho es que la ética del trabajo no echó raíces en la península. Pero ¿sólo son razones religiosas? Ya fuera por el temor a ser tachado de judío, como sostiene Américo Castro, ya por la ausencia de una ética que legitimara el modo de vida burgués, durante centurias trabajar no estuvo bien visto. Obsesionados por la hidalguía y la casta, los españoles desdeñaron las artes mecánicas que reclamaban los tiempos nuevos. Era tal la preocupación de los españoles por sus antepasados, sus posibles abuelos judíos, que los turcos denominaban a España el país de los antepasados (10).

Piénsese en la figura del indiano. Los indianos volvían de América enriquecidos y dispuestos a quedarse, pero fueron estigmatizados precisamente a causa de su dedicación a actividades económicas. El desprecio social llegó a ser tan claro que algunos no lo soportaron y retornaron a América. Probablemente todo esto se debe a una lectura insuficiente o sesgada de las Escrituras; mejor dicho, de los Evangelios, porque, a diferencia de lo que sucede en los países anglosajones, en España apenas se ha leído el Antiguo Testamento, que es donde mejor se advierte la presencia de un Dios terrible y justiciero. A los españoles rara vez se nos han recordado aquellas instrucciones de san Pablo en la segunda carta a los Tesalonicenses: “Retraeos de todo hermano que lleva una vida ociosa”, y hemos sonreído despreocupadamente, sin darle mayor importancia, cuando agrega poco después: “El que no quiera trabajar que no coma.” A lo que yo pienso se trata de una cómoda interpretación de un pasaje que, ahora sí, nos han explicado mil veces: “No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer o a beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan; y sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellos? Y ¿quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?” (11).

Y a continuación, como todos sabemos de memoria, asegura el Señor que ni Salomón se vistió como los lirios del campo; y por si quedaran dudas, concluye: “Conque no andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Son los paganos quienes ponen su afán en esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. Total, que no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.”

Ahora bien, si tomamos a la letra este pasaje, en el que me he permitido subrayar dos cosas, es difícil que florezca la diligencia. ¿No fue lo que pasó en España durante siglos? El cuidado, la solicitud, el mundano quehacer se hicieron incompatibles con la religión. Y en su lugar, con sus ventajas e inconvenientes, se afianzaron la honra, la caballerosidad, la picajosa obsesión por ser de buena casta; en suma, el tan maravilloso como preocupante personalismo español. Curiosamente, en la obra máxima de nuestra literatura, don Quijote anima a su escudero: “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro” (I, 18). ¿Imaginaba Cervantes, observador excepcional, los peligros que se cernían sobre el alma española?

Llegados a este nivel, surge una objeción. Sí, pero todo eso pasó, se dirá; ya no hay Imperio, ni hegemonía ni catolicismo a ultranza; los españoles dejaron de ser martillo de herejes y muchos están en paro deseando trabajar y olvidarse de personalismos. ¿Es así, hablamos de un pretérito perfecto? Aunque hoy parece sumamente aventurada la tesis de que los romanos de Hispania ya fueran españoles, reconozcamos que hay herencias de hispanorromanos, de godos, de moros y judíos; la lengua y la vida lo atestiguan de mil modos. Al final de su obra sobre los judíos, Caro afirma que la Inquisición ha desaparecido, pero no el espíritu inquisitorial. “El que crea que los trescientos años de Inquisición no han influido para nada en la herencia colectiva de los españoles, debe demostrarlo con hechos rotundos.” Trescientos treinta años seguidos de vigencia inquisitorial, de 1478 a 1808 (y algunos más, si contamos los dos breves restablecimientos posteriores), son veintidós generaciones históricas, según las cuentas de Ortega y Marías (una generación = 15 años). Américo Castro llegó a decir en 1965 que los sociólogos españoles no tienen en cuenta la Inquisición al enfrentarse con la sociedad española.

Adviértase que al decir católicos españoles surgen dudas sobre cuál sea el sustantivo y cuál el adjetivo. En tanto que religión universal, los de España son sólo una parte de los católicos que hay en el mundo. Pero el adjetivo (hombre católico) puede funcionar como sustantivo: un católico; y entonces distinguimos entre católicos franceses, católicos españoles y católicos chinos. Pero sustantivemos la españolía: hay españoles católicos, españoles protestantes, españoles agnósticos. En cada perspectiva hay un denominador común: por un lado, el católico de España se parece al de China; por otro, qué duda cabe, el español creyente se asemeja no poco al ateo más convencido de la piel de toro.

La cuestión estriba en saber hasta qué punto perviven, periclitan o se transmutan esos rasgos distintivos de la vida española. Puede pensarse, insisto, que el catolicismo colectivo pasó definitivamente. Pero de ahí a deducir que se pueden echar por la borda todos los valores tradicionales inclusos en tal concepción del mundo, va un abismo. Como dice un etnólogo francés: “Francia nos muestra ateos que tienen comportamientos católicos, que siguen viviendo de los valores heredados de sus antepasados y que no han hecho otra cosa que secularizar los ideales cristianos, sin cambiar en el fondo de mentalidad” (12). Al nacer adquirimos una nacionalidad de iure, pero cuando realmente absorbemos los valores del grupo, cuando se configura y ahorma la personalidad —lo afirman todas las ciencias sociales— es durante la pubertad. Un etólogo lo ha reconocido: “A esa edad los hombres se hacen alemanes, franceses, rusos o norteamericanos, y una vez que se han identificado con los valores del grupo respectivo, se aferran por lo general a ellos” (13).

Pero sobre todo hay que apuntar algunas hipótesis.

Unas hipótesis

Como vemos, al menos desde 1500, los católicos españoles aparecían tranquilos y reposados; llenos de confianza en Dios, su serenidad llamaba la atención en Europa. Y mientras los españoles, con gentil y reposado continente, se despreocupaban progresivamente de los intereses materiales, Calvino y sus seguidores, aterrorizados, combaten la pereza y sacralizan el trabajo cotidiano. Como era de esperar, las consecuencias llegan hasta el momento actual. Joaquín Costa exageró sin duda al declarar en 1901 que desde la muerte de Cisneros el Estado español vivió en perpetuo domingo, pero parece que durante su época sus connacionales se tomaron demasiadas vacaciones: justo cuando allende el Pirineo las naciones protestantes, como abejas solícitas, se industrializaban y ganaban ventaja. Después la situación mejoró notablemente, tuvimos un nuevo Siglo de Oro minoritario y promisor, pero en 1968 Antonio Tovar aún pregunta desde Tubinga: “¿Por qué en España las profesiones mejor pagadas son las más inútiles?” (14).

Algunas diferencias no parecen del todo canceladas. Prescindiendo de los parados, nos europeizamos en nuestras relaciones laborales. Sin embargo, aún adolece España de regular organización. Nuestros horarios son bastante absurdos, empezando por la doble sesión escolar. Y la insatisfacción personal de muchos, salta a la vista. A lo que yo entiendo, muchos están insatisfechos con su trabajo porque lo han elegido sin cuidado, sin atender a sus gustos y aptitudes particulares. Que innúmeros españoles hacen lo que no les gusta, es algo que roza la evidencia: de ahí el malhumor, la hostilidad gratuita, la tristemente célebre envidia. El hombre satisfecho y en sus casillas va a lo suyo y no bizquea ni ataca a diestro y siniestro. De Abel Sánchez nos dice Unamuno en su novela del mismo nombre que “no sabía ni odiar; tan lleno de sí vivía”. La fórmula es perfecta. En cierta ocasión, Juan Rof Carballo inquiere con su penetración habitual: ¿Es exagerado preguntarse qué demoníaca fuerza late en el alma hispánica tras este curioso afán de destrucción? Y que parece soliviantarse cuando se encuentra ante algo que se llama ‘Fundación’; esto es, frente a algo que es fruto del entusiasmo de un puñado de españoles.” En mi opinión, la respuesta a cuestión tan difícil debe buscarse en la incuria y en el azar que presiden la vida de muchos.

El mismo año que Abel Sánchez, en medio de la primera Guerra Mundial, Max Scheler publicaba Las causas del odio a los alemanes (1917). Pues bien, leyendo este opúsculo imaginé que una de las causas más claras de odio a los alemanes —ils travaillent trop, explica un diplomático francés— pudiera ser la misma que nutre la famosa envidia española. Pocas cosas en efecto molestan tanto en nuestros pagos como el entusiasmo ajeno. La pulquérrima actitud del germano ante el trabajo fue percibida por los otros europeos, cuenta Scheler, como una nueva expulsión del paraíso. El alemán se lanzó, por puro placer, al trabajo sin límites, sin fijar término, sin finalidad, sin fin, y fue odiado por su Tüchtigkeit, por su habilidad y excelencia (15). ¿No habría que buscar por ahí el quid de la cuestión que nos concierne? ¿No sucede entre hispanos que la excelencia del prójimo produce rencor y desasosiego en quienes no pueden, no saben o no quieren entregarse a algo? La gente de espíritu burlón y de alma quieta, que dijo Machado, se alegra bellacamente cuando el azacanado compañero resbala y cae. La afición de tantos a desollar al prójimo, ¿no debe interpretarse como mero aburrimiento de personas cuyo tedio vital los arrastra a combatir a quienes hacen cosas? Porque lejos de la convicción de que el tiempo es oro, el español lo dilapida sin miramientos; frente a sus dedicaciones, a nosotros con frecuencia nos da lo mismo hacer una cosa que otra, y resulta que nos hallamos en presencia constante de individuos enteros y como sobrepuestos, indispuestos o contrapuestos al papel que desempeñan, individuos que se presentan in puris naturalibus, en cueros no siempre maravillosos.

Donde se descubrió que yo soy yo y mi circunstancia, se suele olvidar el mandato anejo: y si no la salvo a ella, no me salvo yo. La verdad es que en lo tocante al gusto por el trabajo, España ocupa el último lugar de Europa; al español le apetece menos que a nadie volver a trabajar el lunes (16). Ya lo sabíamos. Esta obra estadística no entra en razones, y una interpretación aviesa haría pensar en holgazanería natural, pero es un error. Más evidente es la dificultad de ir a trabajar con gusto a un trabajo mal elegido. Es más, aunque se tenga mucho, el trabajo se disimula; se piensa que no es valor cotizable y se ocultan pudorosamente los quehaceres; y los frutos se atribuyen a talentos naturales apenas cultivados.

En cuanto a la honradez, virtud individual y social, la encuesta referida confirma ampliamente que es hoy la principal e indiscutible para los europeos consultados: de Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Irlanda, Italia y la entonces República Federal de Alemania, 12.463 en total. Informa Stoetzel que se propusieron diecisiete cualidades a los encuestados y que con gran diferencia la virtud más elegida, y en todos los países, es la honradez. Y después la triste nota: “Salvo en España, por razones que deberán explicar los españoles.” Es lo que estamos intentando.

Suponiendo fiable la encuesta (ésta recoge la mentalidad de 2.303 españoles, la muestra más amplia, y fue nadie menos que Linz el coordinador), puede aducirse, como antes, que la honradez no es aún virtud estimable por mayoría suficiente. Lejos de la seriedad protestante, el español suele ironizar, incluso el honrado, cuando habla de esta virtud.

Pero ya pensando en concluir, quiero atar tres cabos: a) la peculiar seguridad hispánica; como consecuencia, b) su despreocupado talante en asuntos de tejas abajo; finalmente, volviendo a Castro, c) la estrecha relación entre cuerpo y espíritu, que llevó a españoles y portugueses a fundirse sin problemas con otras razas.

a) La peculiar seguridad hispánica

Frente al mundo adversario, el español clásico se presentó con portentoso aire de serenidad. Tranquilo y seguro, su imagen contrastaba con la del inseguro y aterrado protestante. Lejos de la concepción occamista de un Dios arbitrario y terrible, para Sánchez-Albornoz los españoles “confiaban, todos, en que un punto de contrición sincera y dolorida podía al final de la vida procurarles la salvación eterna”. Fue lo que aprendimos en el bachillerato. Los españoles estaban seguros de ser perdonados si se oraba diciendo “perdónanos nuestras deudas”. Lo creían con una fe sin fisuras. “Lo creían tan sin excepción los españoles —prosigue el historiador— que San Ignacio hubo de combatir esa peligrosa seguridad de sus connacionales.” Porque la seguridad es sumamente peligrosa. La vida humana está hecha de peligro y lo más necio es pasarlo por alto. Unos años después de Ignacio, Shakespeare observará en Macbeth que la seguridad es el enemigo más principal de los mortales.

Pero no está claro. El santo sagacísimo se preocupaba con razón de los peligros que podría acarrear la tremenda seguridad de sus compatriotas. ¿Mas de qué estaban seguros? Al parecer, se hallaban poseídos por la certitudo salutis, confiaban tranquilos en la salvación eterna. ¿En lo demás? Américo Castro titula el capítulo III de su obra principal “Una historia de inseguridades y de firmezas”; y en la edición prístina, la de 1948, el capítulo I rezaba “España, o la historia de una inseguridad”, títulos reveladores. Por su lado Ortega, hablando en su primer libro de la cultura como instante de seguridad, había escrito: “Es un hecho que los productos mejores de nuestra cultura contienen un equívoco, una peculiar inseguridad.” ¿En qué quedamos?

En un principio iba a titular este apartado, siguiendo a san Ignacio y a don Claudio, “la peligrosa seguridad hispánica”. Pero no es seguridad sin más; se trata más bien de seguridad religiosa. Ahora bien, la religión, en el sentido profundo desvelado por Zubiri, no es ningún ornato o afección o afectación (17). Y que los españoles vivieron en profundidad su catolicismo, es evidente. Pero si la vida humana es constitutivamente peligrosa e insegura, y si, por otra parte, la fe en su misión, acaso la oscura conciencia de ser el nuevo pueblo elegido, proporcionó al español una seguridad inquietante (Gracián habla de soberbia), ¿cómo concluir ahora que la historia de España es la historia de una inseguridad? ¿Pensaban los españoles, tras centurias de convivencia hostil con el moro y con el judío, que todo es inseguro y problemático? Ortega recuerda con simpatía el lema de un caballero borgoñón del siglo XV: Rien ne m’ est sûr que la chose incertaine. ¿Pensarían así los españoles de los Siglos de Oro? ¿Estaban seguros de que la vida consiste en inseguridad? Siguiendo la línea de investigación del propio Castro, ¿intuían los católicos de España (no pocos conversos o descendientes de conversos) la parcial verdad que asistía a las otras dos religiones? Los otros europeos, por lo demás, lo eran naturalmente. ¿Qué otra cosa sino europeos iban a ser el burgundio, el lombardo, el renano y el sajón? Marías insiste en ello en España inteligible. Pero los españoles tuvieron que luchar por la opción europea (cristiana) desde 711. Hispania pudo haber sucumbido, pudo haber optado por el islam triunfante, como hicieron las provincias romanas del norte de África. Pero desde Covadonga, los hispano-cristianos sueñan con recobrar la España perdida.

Por consiguiente, la sólida fe dio a los españoles seguridad y sosiego, quién sabe si —al menos en parte— por influencia judaica (18); religiosa y tranquila seguridad en el más allá, cuyo reverso fue la humana inseguridad en el más acá. Pero como los caracteres de los pueblos se modifican, mejor que de un Homo hispanus debemos hablar de hispani homines, aquí todo nominalismo es poco. Ello no obstante, la historia da cuenta y razón sobrada de la forma de ser de los españoles vivos. Andando el tiempo, aquella peculiar seguridad se escoró y se vació de sentido; basta pensar en la época de Larra. Y aquella obsesiva preocupación por el ser (frente a la performance, en el esquema de variables de Parsons) inhibió energías que podrían haber ido a menesteres más útiles. Las consecuencias de todo ello llegan hasta hoy.

b) El talante español

Al hablar del talante hay que mencionar a Aranguren. A lo dicho hay que agregar ahora unas palabras suyas que expresan inmejorablemente lo que fue el temple último y radical desde el que vivieron los españoles durante centurias, un talante que sobrevivirá en alguna medida. “Quien cree en un Dios colérico, arbitrario y terrible —generaliza Aranguren— acaba haciéndose pusilánime y aterrado, o bien estoicamente desesperado. Quien confía en un Dios bondadoso, equitativo y amante, se torna sereno y alegre o termina convirtiéndose en perezoso y temerariamente seguro de su salvación.” (Cursiva mía.) ¿No es obvia la opción hispánica? Como puede dudarse, insisto, sobre la relación de causalidad (¿qué es lo sustantivo, la religión o la españolía?), el maestro prosigue su lección: “Y asimismo, viceversa. Cada cual busca la religión que mejor se acomoda a su habitual disposición de ánimo, al modo como siente y entiende la existencia; propende a abrazar la fe que más conviene a su modo psíquico de ser. Y aun cuando, como es usual, se mantenga en la recibida, vivirá ésta de acuerdo con su personal idiosincrasia. Vivirá no la Religión, sino su religión. Pero, tanto en uno como en otro caso..., el resultado viene a ser el mismo: que las religiones se distinguen entre sí ante todo objetivamente, claro está; pero también, del lado subjetivo, por la estructura psíquico-estructural normal y habitual impresa en los adeptos de cada una de ellas.”

Salvo alguna que otra heterodoxia, aquellos antepasados fueron tan españoles como católicos: una mezcla singular. A estas alturas, nada tan fácil como reconocer la profunda fusión y aun confusión que hubo hasta ayer mismo entre los órdenes religioso y civil: confusión de planos de origen oriental, islámico o judaico, cuyas consecuencias son difícilmente calculables. Es preciso admitir que al cabo, acaso por la entrega a los más altos ideales, se produjo un olvido de la vida cismundana; los españoles no pudieron, no supieron o no quisieron ponerse de acuerdo para construir el mundo habitable que exigía la altura de los tiempos. El siglo XIX es un buen (mal) ejemplo de procrastinaciones y abulias. Y lo que es más significativo: todo ello tranquilamente, sin remordimiento, sin culpa. Esta ausencia de culpa me parece rastreable y tiene consecuencias en la estructura psicofísica que queremos descubrir.

En una de las horas más bajas de nuestra historia, por tanto cuando el mal es más patente, George Borrow viaja por la península y anota a propósito de los gitanos españoles: “Entre los ingleses he visto muchos individuos abatidos, apesadumbrados por la fuerza de la conciencia, pero nunca entre los españoles o italianos, y jamás pude advertir que los crímenes cometidos por los gitanos cada día, cada hora, les produjesen la más leve inquietud” (19). Puede pensarse en la secular marginación de los gitanos, pero debe suponerse también (como antes, de los judíos) que habrán adoptado rasgos de los católicos españoles e italianos. ¿Son equiparables el gitano español, el gitano francés, el gitano hindú? No es probable, ni aun entendiéndose en caló, que no se entienden. Una observación simétrica a la de Borrow me parece ver en Gabriel García Márquez: “Una de las cosas que me gustan menos de los gringos es su conciencia de pecadores. Viven enredados con ella” (20). En mi opinión, esa es la mala conciencia que brilla por su ausencia, o que brilla menos, en España e Hispanoamérica. Y es que tal conciencia de pecadores, de deuda, forma parte de la Stimmung protestante.

Pero en España, periclitado el orden teológico y el mundo en que se apoyaba, sucedió lo que resulta evidente: desaparecida aquella posibilidad de ser sin medida, se advirtió la mengua de la tarea, justo cuando las demás naciones europeas llegaban a las Luces y a la revolución industrial, cuando se alcanzaba el estado positivo comtiano, cuando los lazos seculares religaban, obligaban horizontalmente a los hombres. Con lo cual llegamos a la extraña situación tan bien descrita por Unamuno: “Lo que no se comprende es que una persona sin hablar, ni escribir, ni pintar, ni esculpir, ni tocar música, ni negociar asuntos, ni hacer cosa alguna, espere a que por un solo acto de presencia se le dipute por hombre de extraordinario mérito y de sobresaliente talento. Y sin embargo, se conocen aquí en España —no sé si fuera de ella— no pocos ejemplares de esta curiosísima ocurrencia” (21).

Que yo sepa, esta ocurrencia no suele darse en otros lugares: hay que hacer alguna cosa, incluso se ha de ocupar decorosamente el tiempo libre. Puede hablarse de pereza, que alguna habrá, pero hay que preguntarse perentoriamente cómo es posible que se perpetúe una situación de tan evidente disgusto en el trabajo, cómo puede mantenerse tamaño desdén por la circunstancia, por qué secretos caminos, en lugar de ocuparse cada cual de sus propios asuntos (attention to one's business, aconseja Franklin), se mira al otro para rebajar toda excelencia próxima. La curiosísima ocurrencia de que habla don Miguel brota de una escasa responsabilidad, acaso de un profundo hueco. Muchos no se sienten deudores ante nadie, y esto es tanto más paradójico cuanto que innumerables empleos se logran por procedimientos más amistosos que públicos. El sentimiento de culpa por un trabajo mal hecho, menos intenso entre hispanos, se compendia en un letrero bufo expuesto en una oficina pública: Se necesita alguien a quien echar la culpa. Desde luego esto no tiene nada de judaico. Para el judío, uno es deudor en lo profundo. Un proverbio hebreo reza: Todo lo que tienes lo debes. Educados en tan severa moral, se comprende que los judíos sean tan inteligentes.

Pero el español con frecuencia se halla tan seguro de sí, que no se siente obligado a disculparse ni aun en los casos de más evidente falta. Se supone que nadie es culpable; de ahí la improbabilidad de la dimisión. Hasta tal punto no se siente el español deudor, obligado ante el otro, que la lengua lo ha registrado. Hemos casi desechado expresiones como le ruego me disculpe, o por favor, acepten mis disculpas, para dar un quiebro e invertir los términos: Les pido disculpas. Porque es al revés: quien pide disculpas es la víctima, por ejemplo quien lleva largo rato esperando. En fin, acaso por lo mismo, parece que no hay mucha hostilidad ante el infractor de la ley; quizá hasta se concentra la hostilidad en quien la cumple religiosamente. Y es España el único país del mundo que ha erigido un monumento al ángel caído, al diablo.

¿Pero puede uno desligarse de su circunstancia y dedicarse meramente a ser, a figurar? Ortega ha enseñado que la vida es quehacer, operación sobre el mundo en torno. Yo no soy yo solo, ni se trata sólo de mí. Veamos un texto capital: “La vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial. Se trata de una condición extraña, pero inexorable, inscrita en nuestra existencia. Por un lado, vivir es algo que cada cual hace por sí y para sí. Por otro lado, si esa vida mía, que sólo a mí me importa, no es entregada por mí a algo, caminará desvencijada, sin tensión y sin ‘forma’... Vivir es ir disparado hacia algo, es caminar hacia una meta. La meta no es mi caminar, no es mi vida; es algo a que pongo ésta y que por lo mismo está fuera de ella, más allá. Si me resuelvo a andar sólo por dentro de mi vida, egoístamente, no avanzo, no voy a ninguna parte; doy vueltas y revueltas en un mismo lugar. Esto es el laberinto, un camino que no lleva a nada, que se pierde en sí mismo, de puro no ser más que caminar por dentro de sí” (22).

Ortega se refiere a la vida europea de entonces, pero yo sospecho que el talante de no pocos españoles se halla reflejado en estas líneas. Aunque perdida la vinculación religiosa de muchos con la divinidad, parece que siguen despreocupados por su circunstancia y caminan desvencijados y sin interés por su salvación cismundana, sin proyecto o misión. El filósofo rumanofrancés Cioran observa que al español parece que le falta algo. ¿Qué tiene el otro europeo que le falta, por lo visto, al español? ¿No es precisamente la dedicación religiosa a una tarea? Quien ha trabajado con alemanes o con ingleses sabe que la organización hispánica no resiste comparación. Desde el ordenanza de colegio hasta el alto funcionario, ¿cuántos están conformes consigo mismos y con su trabajo? Da la impresión de que muchos ni se lo plantean.

He aquí el reverso de la tranquilidad inherente a la concepción católica de la vida, al menos en su versión española. Demos ahora el último paso.

c) Cuerpo y espíritu fundidos por la fe

Cerrando el círculo de estas reflexiones, volvamos a nuestro punto de partida. Durante centurias, la tranquilidad espiritual se traducía en excelente corazón, en blandas arterias. Pero con el tiempo esa tranquilidad, ambivalente como todo lo humano, se exageró y yo diría que se convirtió en antropológico descuido (espiritual y corporal). Con honrosas excepciones, hubo y hay incuria, talentos en barbecho, posibilidades inexploradas. Lo cual contrasta con el talante meticuloso y deudor del protestante.

Para Castro, el mestizaje fue posible porque para los hispanoportugueses lo primario era la fe. “Carne y espíritu eran realidades inseparables para el español.” Hoy sabemos con certeza que cuerpo y alma se hallan tan íntimamente ligados que son inextricables, y en punto a racismo, que carecen del menor fundamento las lucubraciones de los defensores de las desigualdades raciales. Aquellos españoles del XVI no iban descaminados. Ahora bien, que la relación del español con su cuerpo estuviera modificada por el Oriente, como pretende Castro, mientras ingleses y holandeses, como genuinos herederos del culto griego a la persona física, se mostraron incomparablemente menos proclives a mezclarse con otras razas, no es cosa fácil de dilucidar. Cierto es que los ingleses redescubrieron en el siglo XIX la educación física y que ésta ha sido una especie de cenicienta en la escuela española.

Porque una cosa es la estructura psicofísica y otra el trato que se da a tal estructura. Y vuelven a observarse diferencias. Mientras otros europeos se preocupan de la educación física y médica, dejan el tabaco, etcétera (23), los españoles desdeñan todavía el deporte en la escuela y se fuma más que en otros sitios, empezando por médicos y enfermeras.

Terminemos. Descuidados y negligentes, los españoles se quedaron atrás (que inventen ellos), y pudieron mantenerse con excelente corazón. Pero ese descuido y esa negligencia ante la circunstancia y ante el propio cuerpo se tradujeron en una suerte de descontrol del mismo; basta colocarse en la cola del autobús para comprobar que el famoso self-control no es asunto meramente espiritual. Y lo que es más grave: carentes del profundo sentido religioso de obligación y de deuda ante la vida y ante el prójimo, quedó como agujero negro la ausencia de proyecto personal, un agujero que puede intuirse con facilidad, porque, como los del espacio, quiere tragarse cuanto pasa a su vera y deforma y rebaja cuantas realidades excelentes se ponen a su alcance. Suele llamarse envidia, y remite a oscuros abismos de insatisfacción. Más que tristeza o pesar del bien ajeno, como define el Diccionario, la envidia sugiere males propios, huecos que no se ha sabido llenar. Y como la naturaleza tiene horror al vacío, aparece la malignidad inevitable. La envidia delata pobreza interior (24).

Pero todo cambia, en efecto; para bien, porque disminuyen los accidentes y aumentan las prevenciones y los cuidados, es decir, la tensión; para mal, porque nos ponemos a nivel europeo. Esto último significa que la máquina trabaja a pleno rendimiento. Particularmente vengo observando con el mayor interés la inextricable relación cuerpo-espíritu en el sentido apuntado en este trabajo; es la relación íntima que quisiéramos desentrañar. Como hemos visto, tener una religión u otra no da lo mismo, y la estructura psicofísica puede dar fe de diferencias notables. Cuando se habla de sociología del cuerpo y a la espera de investigaciones más detenidas, los hechos parecen confirmar algunas peculiaridades del cuerpo y del alma de los españoles vivos.

Julio AMEIDA

Notas
(1) Su obra principal es La realidad histórica de España (1954), México, 5ª edición, 1973, refundición de España en su historia. Cristianos, moros y judíos, Buenos Aires, 1948. Puede verse mi libro, El problema de España en Américo Castro, que fue originariamente mi tesis doctoral. Universidad de Córdoba, 1993. Dirigida por José Luis Pinillos, la leí en la Universidad Complutense el 13 de febrero de 1987.
(2) Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, pág. 32. Madrid, 1980.
(3) Más de cien españoles, pág. 237. Barcelona, 1981.
(4) Sociedad, cultura y personalidad, págs. 1040-1043. Madrid, 1962. Yo desde luego estoy más cerca de Weber que de Marx.
(5) Sánchez-Albornoz, Claudio, España, un enigma histórico, 2 vols. II, pág. 390. Barcelona, 5ª edición, 1976.
(6) Maravall, José Antonio, «Sobre el mito de los caracteres nacionales». Revista de Occidente, 3, Junio 1963. Maravall quiere demostrar, ya desde 1941, que los caracteres nacionales no son eternos. Contra él escribió Salvador de Madariaga «Sobre la realidad de los caracteres nacionales». Revista de Occidente, 16, Julio 1964. Yo creo que puede y debe aceptarse la realidad provisional de los caracteres nacionales, una provisionalidad que puede durar centurias, que es siempre contingente, histórica.
(7) El Cortesano, pág. 174. Madrid, 1984.
(8) Cita Juan Rof Carballo en El hombre como encuentro, págs. 100 s. Madrid, 1973.
(9) Los judíos en la España moderna y contemporánea, 3 vols. II, pág. 320. Madrid, 2ª edición, 1978.
(10) Kant, Antropología en sentido pragmático, pág. 265. Madrid, 1991.
(11) Mateo 6,25-27.
(12) Bastide, Roger, Sociología de las enfermedades mentales, pág. 216. Madrid, 7ª edición, 1983.
(13) Eibl-Eibesfeldt, Irenäus, El hombre preprogramado, pág. 79. Madrid, 2ª edición, 1980.
(14) Universidad y educación de masas, pág. 32. Barcelona, 1968.
(15) Die Ursachen des Deutschenhasses. En Gesammelte Werke, IV, págs. 314ss. Berna y Múnich, Francke Verlag, 1982.
(16) Stoetzel, Jean, ¿Qué pensamos los europeos?, págs. 10, 317. Madrid, 1982.
(17) «El hombre no tiene religión, sino que, velis nolis, consiste en religación o religión. Por esto puede tener, o incluso no tener, una religión, religiones positivas.» Naturaleza, Historia, Dios, pág. 373. Madrid, 5ª edición, 1963.
(18) Julio Caro sospecha que en el carácter que se tiene por castellano clásico puede haber algo de judaico. Ibídem, III, págs. 293 ss.
(19) Los Zíncali. Los gitanos de España, págs. 179 s. Madrid, 1979.
(20) «USA: mejor cerrado que entreabierto». El País, 10.11.1982; artículo después inserto en Notas de prensa. 1980-1984, pág. 337. Madrid, 1991.
(21) Cita Castro en La realidad, pág. 254.
(22) La rebelión de las masas. En OC, IV, pág. 243.
(23) Empezando por abajo. En las escuelas alemanas les suelen regalar a los niños, el primer día de su escolaridad obligatoria, además de un cucurucho con caramelos y buenos deseos, un cepillo y pasta de dientes. Todo un símbolo. Para no hablar de la educación vial.
(24) Puede verse mi artículo “Envidia”, en el Diccionario de Sociología dirigido por Octavio Uña y Alfredo Hernández. Madrid, 2004.

http://www.pensamientohispanico.com

 

 

Informations financières et politiques sur Le Pilori et ses annexes

M. Fernand CORTES

31-32, place Sylvain Dumon
82400 Valence d' Agen

 

 Vous pouvez nous joindre
au (33) 613 27 32 83 Fernand CORTES

Le pilori général
Le pilori 2000 Le pilori 2001 Le pilori 2002 Le pilori 2003 Le pilori 2003 censuré
Le pilori 2004 Le pilori 2004B Le pilori2004C Le pilori 2004D
Le pilori 2005 Le pilori 2005B Le pilori 2005C Le pilori 2005D
Le pilori 2006 Le pilori 2006B Le pilori 2006C Le pilori 2006D
Le pilori 2007 Le pilori 2007B Le pilori 2007C Le pilori 2007D Le pilori 2007E Le pilori 2007F
Le pilori 2007G Le pilori 2007H Le pilori 2007I Le pilori 2007J Le pilori 2007K Le pilori 2007L
Le pilori 2008-01 Le pilori 2008-02 Le pilori 2008-03 Le pilori 2008-04 Le pilori 2008-05 Le pilori 2008-06
Le pilori 2008-07 Le pilori 2008-08 Le pilori 2008-09 Le pilori 2008-10 Le pilori 2008-11 Le pilori 2008-12
Le pilori 2009-01 Le pilori 2009-02 Le pilori 2009-03 Le pilori 2009-04 Le pilori 2009-05 Le pilori 2009-06
Le pilori 2009-07 Le pilori 2009-08 Le pilori 2009-09 Le pilori 2009-10 Le pilori 2009-11 Le pilori 2009-12
Le pilori 2010-01 Le pilori 2010-02 Le pilori 2010-03 Le pilori 2010-04 Le pilori 2010-05 Le pilori 2010-06
Le pilori 2010-07 Le pilori 2010-08 Le pilori 2010-09 Le pilori 2010-10 Le pilori 2010-11 Le pilori 2010-12
Le pilori2011-01 Le pilori 2011-02 Le pilori 2011-03 Le pilori 2011-04 Le pilori 2011-05 Le pilori 2011-06
Le pilori 2011-07 Le pilori 2011-08 Le pilori 2011-09 Le pilori 2011-10 Le pilori 2011-11 Le pilori 2011-12
Le pilori 2012-01 Le pilori 2012-02 Le pilori 2012-03 Le pilori 2012-04 Le pilori 2012-05
Informations financières et politiques sur Le Pilori et ses annexes
Oeuvres et poèmes d' Alain de MIREL Cercle d' Etudes Contre-révolutionnaires Sainte Jeanne d' Arc
Génocide des Populations des Bocages de l' Ouest de la France Honneur aux Gardes Suisses Louis XVII Enfant-Roi-Martyr
Morceaux choisis du Pilori 2002 Morceaux choisis du Pilori 2003 Morceaux Choisis du Pilori 2004 Morceaux choisis du Pilori 2005 Morceaux choisis du Pilori 2006
Le Pilori d' Honneur Le pilori du déshonneur et de la honte
Bibliothèque Chouanne du Pilori Portail Légitimiste du Pilori Humour et détente La Chouette du Forez-Duchesse de Berry
Montségur Montségur IV Montségur V Montségur VI Montségur VII Montségur VIII Montségur IX Montségur X Montségur XI Montségur XII Montségur XIII Montségur XIV Montségur XV Montségur XVI Montségur XVII Montségur XVIII Montségur XIX
La Faillite générale de la gueuse La Faillite de la gueuse I La Faillite de la gueuse II La Faillite de la gueuse III La Faillite de la gueuse IV La Faillite de la gueuse V La Faillite de la gueuse VI La Faillite de la gueuse VII La Faillite de la gueuse VIII La Faillite de la gueuse IX La Faillte de la gueuse X La Faillite de la geueuse XI La Faillite de la gueuse XII La Faillite de la gueuse XIII La Faillite de la gueuse XIV La Faillite de la gueuse XV La faillite de la gueuse XVI
Le mythe ripoublicain de l' égalité ripoublicaine La mysthique des droits de l' homme démysthifiée Les conséquences du référendum: la disparition de la France La banqueroute de la France L' abstention: pain béni pour la monarchie légitime La république nous vole! La déroute de l' enseignement Tout va bien mal La faillite des entreprises et de l' immobilier I La faillite des entreprises et de l' immobilier II La faillite des entreprises et de l' immobilier III La Baisse de la consommation L' élargissement de l' Europe La France Paradis Social et Talibanlieusardistan Le paradis ripouxbicain Pour le retour de la monarchie légitime et de l' ordre en France Le Scandale de la Garantie Républicaine Garantie d' Assurances Multiples Saïda Rachida Dati ou... L' odieuse vérité statistique Il est des défaites qui sonnent comme des victoires L' Enfant Roi ou les fous maîtres de l' asile L' arnaque de la HQE La société du mensonge Auschwitz sur Seine L' identité nationale Le coran et la loi L' annihilation républicaine de la liberté Le bouclier fiscal Combattre la révolution Expropriation, encore un scandale républicain de plus! La clinique psychiâtrique de l' ump La clinique psychiâtrique du ps Où en est la dette de la France? NicolaS Sarkozy
Les pamphlets fiscaux Les fables fiscales Les ballades fiscales et les sonnets fiscaux
Le Cobra 2003 Le Cobra 2004 Le Cobra 2005
La Lettre du Front National des Landes Grippe aviaire: l' intox Le climat est-il devenu une arme? Vaccins intox Vaccins intox 2010
Alerte aux contenus humlains dans vaccins, nourriture et cosmétique Le financement libyen de Sarkozy par Kadhafi
Médecines Homéothérapie vraie Compétence ou charlatanisme? Match Allopathie-Homéopathie Conversion des généralistes, spécialistes et chirurgiens Nuisances pharmaceutiques Les médicaments, parlons-en
Le mini-traité simplifié La crise de la gueuse Comment relever la France? Les anti-bio tiquent ou le biodégradable
Finance islamique Moneta Solutio La création monétaire de singe Napoléon le petit La France sous tyrannie Marine Le Pen Chronique d' une catastrophe aérienne
French Banksters L' effondrement du mondialisme Suicide économique L' enseignement de l' Histoire à la dérive Regards sur la démographie et l' immigration en France

Juge d' instruction: la forfaiture La dictature des juges Synthèse de l' affaire GAIFFE Conclusions sur l' assassinat du préfet Claude Erignac
Garde à Vue, Instruction, Détention provisoire Assignation Michel FOURCHEREAUD Le gouvernement UMPS vole les Français! Conclusions en appel citation Lambert Forfaiture fiscale Previposte

L' article 721 nouveau CPP: l' imposture Recueil de Perles Judiciaires Justice maçonnique satanique: l' arbitraire!
Etoile DDEFRH Richard ARMENANTE Complot en bande organisée I Richard ARMENANTE Complot en bande organisée II Presse et criminalité Justice et délit d' opinion Racisme ordinaire

Procureur en ligne de mire La pandémie maçonnique Appel en récusation définitive Le secret de la secte noire maçonnique satanique mondialiste Ponctionnaire Courmet sur la sellette Avertissement sans frais Tous sur la sellete
Plainte collective Atteinte préfectorale Pièces à conviction Mémoire & conclusions Référé d' heure à heure René HOFFER, Président SIC, n' est plus aux fers EdF-GdF Scandales tous les niveaux Tarif agent Escrocs bancaires La CEDH sous la sellette
Tentative d' expulsion et d' extorsion de fonds Escroc politique en goguette Enquête sur assassinat politique par secte noire maçonnique satanique Les crapuleries de Polyexpert et des MMA Wibox: crapulereie en très haut débit
ENM L' enfer tutélaire Parquet flottant SOS Justice PFL Pétition Florence JARRIER Outrages aux droits de la défense
Morts d' innocents imposées par autorité juridique Saga et force de l' insouciance Censier-Sorbonne Nouvelle dans l' amiante La place unique du spectateur
Maladies émergentes Corrélations entre Yves GODARD et financements politiques ROC
Billets d' humeur Billets de mauvaise humeur Billets de très mauvaise humeur

Union européenne, islam et Turquie Iran: la confrontation Bruxelles, ville musulmane en 2030? Quelles relations avec la minorité musulmane? La Belgique face à l' islamisation
L' Amérique, dernier rempart? Libérez-vous, il n' en tient qu' à vous! La menace islamique
Ces maires islamisants qui courtisent l' islam et financent les mosquées... Guerre métaphysique insurrectionnelle Guetteur, où en est la nuit? Le combat des fils de Caïn
Grand Dictionnaire Encyclopédique Carla Bruni-Tedeschi-Sarkozy La nation par les rêves Vérité sur le conflit arabo-israelien La rafle Eurabia L' Europe et le spectre du califat
Soldats de Tshal otages Où seront-ils l' année prochaine? Qui aura souhaité... Lettre aux enfants juifs occis par nazislamistes et lettre à Myriam Les 44 Enfants d' Izieu Le massacre de Fès dit "Le Pogrom de Fès"
Les Dix mensonges contre Israël Le piège à cons L' Arabie du wahabisme Cheval de Troie, dites-vous? Branle Bas de Combat au Moyen Orient Le véritable "aparheid" au moyen-orient
L' empire perse de Darius à Mahmoud Une intifada française DSK Nicolas Sarkozy de Nagy Bocsa
L' Empereur de l' Esprit Ghost Countries

El fallecido I El fallecido II El fallecido III El fallecido IV Cartas de Vida Españoles en cuerpo y alma
Passion du Seigneur 2000 ans plus tard Las Alpujarras Patrimonio perdido Cobardes y suicidas Los asesinatos de los republicanos Onesimo REDONDO Caudillo de Castilla En defensa de la libertad de la Iglesia
Catholiques, oui! UE = URSS De quoi souffre la Belgique? L' Etat-Providence et la dissolution de la famille Norvège, cauchemar ou début de guerre? Gouvernement français anti-chrétien
Etude pour le NON Missa Initiiative Missa Groupes Coutures Extraordinaire Sainte Jeanne d' Arc Foyers Adorateurs: l' Appel de l' Oeuvre Gender spécisme Tradition-Contrerévolution-Audace
Les cafards de théâtres, les politiciens, les médias, les souteneurs et les profiteurs
Réfutaion Réfutation II Cohn-Bendit Du vrai concile Vatican II Le Saint Suaire Télévision: mensonges effrontés & silences accablants
La grandeur fracassée du Moyen Âge espagnol Le Contrat de l' homme avec Dieu par le saint Baptême

La guerre du XXIe siècle La guerre du XXIe siècle II La guerre du XXIe siècle III La guerre du XXIe siècle IV La guerre du XXIe siècle V La guerre du XXIe siècle VI La guerre du XXIe siècle VII
Comment un drapeau sauva quatre meille Arméniens... Les conditions de la civilisation Elus et médias, je vous accuse!
Les chemins de l' islamisation de l' Europe Le feu de l' islam et hamas sur Seine La traite des Blancs par les musulmans AF-OAS Honneur!
Pousse bitume Jamais, au grand jamais! Le mal absolu Des comptes à rendre... Comme nous pardonnons à ceux qui nous ont offensés... Antibes 2011 pour 2012
Monographie de la chute de l' Algérie française L' Algérie 1954-68 Algérie: les 5 occasions de paix Plaidoyer pour le Chant des Africains 26 mars 1962 L' identité française Le code djihadique L' aïd el kébir
Procès politique Les ténébrions A la manière d' El Watan... Souvenirs d' une Algéroise
Le massacre des Harkis Le massacre de la rue d' Isly 26 mars 1962 L' appel du 18 juin Oran... 5 juillet 1962 Le boucher d' Oran Les barbouzes Quand l' Histoire jugera De Gaulle... Le rôle de l' Eglise dans la guerre d' Algérie
La liberté qui capitule Transparence et corruption... les deux mamelles de la France Le lobby pro-immigrationniste et ses conséquences La fin du Ier REP Jeanne... Au secours! La France se meurt... 7 mai 1954 La chute de dien Bien Phu
La morale publique 3 juillet 1940 L' agression britannique sur Mers el Kebir Les rançons d' otages français La perte de l' Algérie française... crime ou fatalité? 2012: un enjeu énorme! La Terre Promise
23 septembre 1940: L' agression britannique sur Dakar La repentance La révolte du Ier REP Islam et immigration L' immigration et la mauvaise conscience européenne L' islam et l' insécurité L' islam... d' hier à aujopurd' hui
1er mars 1962... mers el Kebir... L' assassinat de la famille Ortega 19 mars 1962: Le cesser-le-feu L' innocence bafouée La criminalité en France Vaincre le terrorisme
NON au 19 mars 1962 Le 19 mars un déni de mémoire Retour sur la tv "objective" 19 mars 1962 faux historique Le 19 mars 1962: trahisons et mensonges La vérité au service de la patrie
Bilan de 132 ans de présence française en Algérie Le chiffon de papier d' Evian Evian ou le crime d' Etat du 19 mars 1962 Réfutation de Marseille 2012 Le nom d' être humain
Histoire de l' Algérie Française Portraits Blasphématoires du pseudoprophète pédocriminel mahomet Mahomet et l' islam: mythes et réalités La fin d' Oussama ben Laden Le spectre des tours de Manhattan
Esclaves blancs, maîtres musulmans Le journal introuvable L' islam meurtrier La France entre laïcisme républicain et prosélytisme mahométan L' interdiction suisse des minarets ne viole pas la CEDH L' islam terreur expansionniste
L' Histoire de l' Algérie française déformée Utopikland Vacances Bravo la crise! Tes giirouettes politicardes Comme le rappel d' un souvenir... France... 2012? Le temps des mensonges 1962-2012 Bayard au Pont de Garigliano Le mur 19 mars 1962-19 mars 2012
"Ils" veulent reprendre Poitiers! J'' aimerais tant que cela change...
Cartes de séjour Droits ouverts aux Harkis et autres supplétifs Mauvaise application de la loi par la MIR Harkis Honneur! Le Mare nostrum oeil de l' ouragan
Militaires tombés en OPEX pour rien Eloge au Commandant Hélie DENOIX de SAINT MARC Rabah KHELIF sauve l' honneur! APHCA
Le Colonel Joseph BROIZAT La douche sénégalaise Cachez ce Ben Bella le retour que je ne saurais voir Monsieur Hollande... demander pardon... vous rigolez???!!! La valise ou le cercueil Les bombardements du cinquantenaire

Canal Royal de Jonction des Deux Mers du Midi Contribution au Livre blanc du canal des Deux Mers
Toponymie des Bastides Bastides d' Aquitaine Bastides de Languedoc Bastides de Midi-Pyrénées Histoire locale
Bastides: Histoire de Valence d' Agenais Bastides: naissance et organisation Bastides: Bibliographie

Comité d' Entraide aux Prisonniers Politiques Européens CEPPE Infos Membres CEPPE-PINS
Fête de l' Identité et des Libertés Noël des Prisonniers Politiques Européens CEPPE-Concert Identitaire

Les Bonnes Tables Les Grands Les Meilleurs Régionaux Les Meilleures Cantines

Adaptation à l' An 2000 Adaptation à l' €uro

Comment nous interroger en assurances sur vos besoins et sur nos activités? nos produits et nos services?

Comment nous interroger en placements sur vos besoins et nos activités? nos produits et nos services?

Faisons connaissance... Que faisons-nous? Pour nous contacter... Pour nous rendre visite...

FRANCEPORTS

Retour à l' accueil

Création 09/2009 Précédentes mises à jour 10, 11, 12/2009, 01, 02, 03, 04, 05, 06, 07, 08, 09, 10, 11,12/2010, 01, 02, 03, 04, 05, 06, 07, 08, 09, 10, 11, 12/2011, 01, 02, 03 et 04/2012 Dernière mise à jour 05/2012