II - El celibato y más concretamente la continencia perpetua ¿un don peculiar de Dios? Obviamente creer tal cosa no es ningún dogma de fe para un católico – como por ejemplo lo es creer en la Concepción Inmaculada o la Asunción del Cuerpo y del Alma de la Madre de Dios. Tampoco, en sus veintiséis años de pontificado, Karol Woytila se atrevió promulgar ex cátedra que lo fuera. (Con todas las simpatías ultra conservadoras que se le atribuyen, Juan Pablo II, éste, no fue el Beato Pío IX quien, el 18 de julio de 1.870, sentó, con la constitución “ Pastor eternus” (El pastor eterno), que en materia de doctrina moral y costumbre religiosa el Sumo Pontifice de turno era infalible. O sea cuando habla como pastor, padre o guía de todos los cristianos. Una “constitución” que cien años después – 1970 – es bien poco probable que, el entonces Pablo VI se hubiera atrevido a promulgar. (Sobre el particular puede descansar tranquilo el autor del libro “Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica” – ediciones grupo Zeta – el tortosino Pepe Rodríguez que en la pagina 328 trata de la cuestión a su buen entender). Y talvez dos reales de lo mismo podría decir para Dan Brown y su “ Código Da Vinci”; aunque este último ignoro, por ahora, si en sus setecientas cuarenta y cinco paginas habla del tema. Por supuesto tampoco, Giovanni Montini, en sus quince años de pontificado romano dijo que el dogma, ese de la Infalibilidad papal, estuviera, él, finiquitado. La Iglesia Católica – nos guste o no – es una organización seria – y no cambia su doctrina y enseñanzas morales como puede cambiarse un ritual litúrgico cualquier. Un dogma de la Iglesia Católica Apostólica Romana, una vez promulgado, permanece in secula seculorum. No hay vuelta atrás ni cambio en la decisión que en su momento adoptada. El papa fallecido en el año 2005 – por encantado estuviera con el celibato – se guardó mucho de cometer ningún patinazo e imprudencia sobre el particular.
Se limitó, Juan Pablo II, en reiterar la doctrina de sus predecesores y, estemos, o no, de acuerdo con ello, existe, en la Religión Católica y no digamos ya en el Cristianismo, toda una mitología a favor del celibato; y hasta, me atrevería, mejor decir, de la asexualidad. La podemos encontrar en citas del Nuevo Testamento como verbigracia: “ ...hay eunucos que nacieron asi del vientre de su madre, y hay eunucos que fueron hechos por los hombres, y hay eunucos que se han hecho tales por el Reino de los cielos. El que quiera entender entienda.” (Evangelio del Apóstol San Mateo cap 19 vs 12) “ …bueno es al hombre no tocar mujer mas por evitar la fornicación tenga cada uno su mujer y cada una su marido, El célibe se cuida de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado ha de cuidarse de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer,” (1ª Epistola de San Pablo a los Corintios cap 7 vs 7 y 32) .
Beyerlinck, un canónigo flamenco, nacido en Amberes que vivió entre 1.578 y 1.627, cuentan enseñaba que, Adán, solamente conoció a Eva (forma sutil y puritana que equivale a decir se “acostó con ella” para “hacer el amor” ) tras la expulsión del Paraíso terrenal. A mi entender esta curiosa interpretación de un capitulo ciertamente importante del Génesis, tiene su lógica si tenemos en cuenta que Dios creó al hombre (al varón y a la mujer al ser humano en resumidas cuentas) y no a una legión sucesiva de humanoides a su imagen y semejanza; libres de no conocer la enfermedad y hasta la muerte con la salvedad que supiesen hacer buen uso de esta Divina Gracia.
La procreación, el lógico y natural instinto de engendrar hijos e hijas, no evidencia más el hecho que nuestros primeros padres bíblicos incumplieron el pacto con la Deidad; al tiempo que se acogían a la Divina Promesa quem al final de la consumición de los siglos, recuperaría el hombre (el ser humano) su inmortalidad y vencería la muerte.
¿Que buscan tal hombre y tal mujer en su hijo o hija? Pues nada más y nada menos que su reproducción o sea que les perpetue.
Joan-Antoni ESTADES de MONTCAIRE
23 de junio de 2005 Vigilia de San Juan El Bautista
No caía bien a una exigua minoría de pseudo progres, porque no bendecía y aprobaba sus estravagantes y libertinas apuestas en materia de relaciones sexuales y de genero en general ; pero la inmensa mayoría de los seres humanos - incluido personas, tan alejadas a sus creencias religiosas y a sus convicciones ideológicas, como por ejemplo Fidel Castro, en Cuba, o el presidente Lula del Brasil - le han rendido, con ocasión de su fallecimiento y de sus exequias, un homenaje espontáneo y multitudinario sin precedente. El que fuera en vida suya y ahora es su sucesor en la silla del Principe de los Apóstoles como Benedicto XVI – el Cardenal Ratzinger, prefecto del Santo Oficio - haciendose eco del clamor popular expresado en las exequias y funeral del pasado 8 de abril de 2005 ha anunciado ya oficialmente la intención de que se inicie el proceso burocrático que podría llevar a los altares a quien, nacido Karol Jôzef Wojtila, fue -entre el 16 de octubre de1.978 i el 2 de abril de 2005 -Juan Pablo II.
Cierto, Karol Jözef Wojtila, estaba en contra de las “bodas” entre personas del mismo sexo. Gracias a Dios, por mucho que alguien vocifere lo contrario y a pesar de estar permitidas y hasta legalizadas, en tal o cual país "civilizado",estos simulacros más bien carnavalescos ; la gente cuerda considera, a los matrimonios homosexuales, como una autentica burla a la institución matrimonial en sí y a la familia en general. Así que, gracias a Dios, ese Papa, fallecido el 2 de abril de 2005 como he dicho más arriba, no era el único en opinar de esta manera. Sobre el particular Wojtila no se sacó nada de la manga y tampoco obró por capricho ultra homofobo. El doscientos sesenta y cuatro sucesor de San Pedro (numeración que yo pondría con interrogante dado que un papa, llamado Teofilatto dei Conti di Tuescolo que curiosamente tomó el nombre de Benedicto IX, ocuparía por motivo de deposiciones, renuncias y reelecciones los puestos 145, 147 i 149 del listado oficial) no hizo más que aplicar a rajatabla la invariable e intocable doctrina secular de la Iglesia y de las religiones monoteístas fundamentada en lo que señala la sagrada escritura en el libro del Génesis – el bereshit de la Torah judaica – cuando, referido al Eterno, consta que Ëste “creó al hombre a su imagen (la imagen de Dios) y los creó varón y hembra. Y les bendijo y les dijo: fructificad y multiplicad la tierra…. ( v 27 a 29).
I- No estaba de acuerdo con que las mujeres pudieran acceder al sacerdocio. Algo por lo visto de una urgencia e importancia más allá de lo trascendente para la moderna progresía feminista “viro fóba”. Seamos un poco serios por favor.
La Iglesia católica apostólica romana y el cristianismo en general no son un invento de anteayer y ni tan sólo de la época del medieveo. Su existencia tiene exactamente dos mil cinco años ¿ y no les resulta extraño a la vez que curioso, el que hayan tenido que esperar dos mil cinco años para descubrir la urgente “ conveniencia” del acceso de la mujer (o sea hablando un poquito grosero de la hembra) al orden sacerdotal ? Por lo menos a mi me resulta sospechosa un poquito esta tardanza.
Desde sus inicios, el sacerdocio en las religiones monoteístas y concretamente en el cristianismo, ha sido cosa de varones. Cosa de hombres para usar un vocabulario más vulgar,
El Fundador – Jesús de Nazareth – era un varón y escogió doce apóstoles que eran igualmente todos ellos del sexo masculino y ellos fueron trasmitiendo la unción sagrada del mandato del Divino Maestro a los primeros obispos y ungiendo los primeros presbíteros y diáconos, Y la cadena de la transmisión apostólica no ha variado el procedimiento de manera canónica y válida hasta hoy. Sólo puede celebrar misa y consagrar el pan y el vino. convirtiéndolo en cuerpo y sangre del Hijo de Dios, el varón que ha recibido el sacramento del orden sacerdotal de manos de un obispo a su vez ungido por otro obispo y éste por otro.
El sacerdocio femenino -puesto de moda hace sólo unos años- en el cristianismo por su rama protestante que, por cierto carece de autentico clero, ya que los llamados “pastores” no son propiamente sacerdotes sino, más bien, meros predicadores de la Biblia, y la híbrida iglesia anglicana y episcopalíana, algunos de cuyos obispos podrían tener un origen canónico no válido o por lo menos dudoso – es a juicio de servidor una fantasía moderna más propia de akélares de la Edad Media y del paganismo o del culto panteísta ; que no realmente una demanda necesaria y mayoritaria de los feligreses y practicantes del catolicismo actual.
El pontífice, ahora fallecido, era contrario, o por lo menos reacio, al matrimonio de los clérigos.
La prescripción del celibato o la obligada soltería de obispos y curas es una norma que posiblemente no se remonta más allá del siglo IX o X de nuestra era, (año 1,123 poco más o menos cuando la sede pontificia la ocupaba Guido de Borgoña o sea Calixto II) y sólo afecta, en la totalidad de todos sus grados al rito latín, con la salvedad o excepción del diaconado permanente que permite a un varón casado ser ordenado diacono sin posibilidad de acceder obviamente al sacerdocio o sea – para entendernos – a la opción de poder celebrar misa; pero no la posibilidad de que un diacono célibe, sin recurrir a la secularización, pueda contraer matrimonio. Los ritos de las Iglesias Orientales, tanto las que están en comunión con el Obispo de Roma como las que no lo están aplican la obligación de la soltería tan sólo para acceder al episcopado, Yo personalmente a favor, de la supresión de la obligación de ser célibe un sacerdote y hasta un obispo, estoy. Pienso que la Iglesia ganaría puntos y dejaría tal vez de ser un “refugio”, un “blanqueo” de individuos de ambigua o discutible sexualidad pero, sin duda, “discretos” por lo menos; aunque tampoco hay que exagerar la maledicencia y generalizarla; cayendo en el polo opuesto como ocurría en épocas pretéritas felizmente superadas en que ser soltero o no tener “ novia” o amistad femenina conocida, era casi sinónimo de hallarse en la antesala del homosexualismo. No hay que olvidar que, a excepción de San Juan el Evangelista, los demás apóstoles estaban casados y no existe ningún documento que diga que, en lo futuro, Jesús se lo prohibiera o por lo menos desaconsejara.
Por otro lado, si seguimos el curso de la Historia, cabe señalar que el ciento seis sucesor de San Pedro tenía esposa e hija. Se llamaba Hadrian y su pontificado va del 14 de diciembre del año 867 al 14 de diciembre del 872. Sucesor del Papa, San Nicolás I llamado el Grande, y predecesor de Juan VIII, era natural de Roma mismo y fue el Papa que, aparte haber coronado al Rey Alfredo de Inglaterra, convocó el octavo Concilio Ecuménico. Se cuenta que su hija fue raptada por su adversario, Eleuterio; el cual era hijo de un obispo y sobrino de un antipapa o sea, con todos los matices que se quiere, familiar de un eclesiástico.
Pero bueno quien, en la actualidad, desea ser cura en la Iglesia Católica de rito latín sabe que, por el momento, rige la obligación del celibato para recibir el sacramento del orden sacerdotal y en consecuencia tiene que tener muy claro a que atenerse y asumir las consecuencias del paso que va dar. El actual código de derecho canónico, promulgado el 25 de enero de 1.983 por Juan Pablo II, mediante una letra o bula que lleva por titulo: “Las leyes de la Sagrada Disciplina, “ recoge y mantiene la obligación del celibato sacerdotal ya existente en anteriores códigos señalando lo procedente en el capitulo III de la primera parte y especialmente en el canon 277 que en su punto 1 dice: “Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y por tanto quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios, mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres”.
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